lunes, enero 30, 2012

DECIMO TERCER ANIVERSARIO DE LA UNEY

Chema Madoz. Arco

Su breve recorrido académico está signado por un amplio espíritu humanístico, nada frecuente hoy en las casas de estudio del país. Sus nobles desafíos intelectuales frente a las incomprensiones y la medianía, su audacia contra el espacio hostil y la tozudez fascista, su afán de formación para la libertad, la creación y el diálogo;  y su capacidad de resistir todos los embates (aún los que parecen definitivos, ciegos y sordos), son rasgos que la identifican a lo largo de estos trece años, felices y duros, a la vez.

La UNEY pasa con regocijo y orgullo (y cierta majestad, todo hay que decirlo) por el arco de libros y literatura, de ciencia, diseño, cocinas, cuerpos, imaginación y arte, que, desde el 29 de enero de 1999, marcó su entrada a la educación universitaria de Venezuela y el mundo. Allí, entre los libros, está su alma, lejos, muy lejos de mustias autoridades "in partibus", incapaces, por fortuna, de invadir los intangibles.

Celebramos la fidelidad, la confianza y el apoyo valiente de sus amigos, estudiantes, docentes, obreros y personal administrativo. Celebramos la voz de quienes, no oficiales, pueden hablar por ella, con la frente en alto, en todos los escenarios, incluidos los domésticos. 

Desde las luces de afuera (y de adentro, porque todavía las hay) saludamos la historia verdadera de la UNEY, que persiste sobre la apócrifa de estos meses sombríos.

¡Feliz cumpleaños UNEY!

miércoles, enero 25, 2012

LA UNEY EN SUS TRECE


Me cuentan personas de cuyo testimonio me fío, que nuestra límpida casa de estudios ya no es lo que era. Hasta el buen decir parece proscrito de ciertas oficinas, sobre todo, de aquellas de donde deben surgir algunas decisiones. Corrijo. Si el buen decir está proscrito, qué podemos esperar ahora de esos lugares invadidos. 

Que en este momento haya garduños (me aseveran que los hay) en los diversos espacios académicos de la caballería andante, no es para sorprenderse. De quienes entran a saco en territorios que les son ajenos, por espíritu y cultura, qué puede derivarse más que chapuzas y desmanes.

Aquí  ocurrió la barbarie de siempre: con la complicidad de marrulleros y fementidos, se activó con celeridad la aplanadora de quienes desprecian todo lo que desconocen y les da escozor el talento de los otros.

Pero algo hay que no pueden: destruir un intangible que se llama UNEY, que no se aloja ni en reglamentos contrahechos ni en resoluciones ministeriales dictadas por el pobrediablismo, cualquiera sea su “jerarquía académica” o su “santidad” intelectual.

La UNEY, encuéntrese donde se encuentre, es una fraternidad de almas que vuela, lee, desacata, inventa, espera, resiste y sabe que las universidades verdaderas no son las fundadas, sino las que fundan.

Seguiremos fundando.