domingo, agosto 19, 2012

CLEVA EN CLAVE AZUL Y GASTRONOMICA

Cleva Solís


1. En un poema en prosa Cleva Solís relata cómo fue descubriendo los reinos del azul. Dice que un día un pavo real cruzó el patio de su casa y el añil de las plumas la hirió con acabado eterno. Me gusta la
resonancia de esa imagen. También la dulzura con que después deja caer algún diminutivo, “clarito entre las aguas”, para evocar cómo conoció el turquesa una mañana, en la bañera. Me la figuro, además, con el sombrero de fieltro, bien bonito, que su madre le compró, sin sospechar que ese día le estaba regalando los delicados dominios del pastel.

2. Fina García abrió la puerta y un azul desconocido entró a la casa. Dirían que entró la pintora, pero también versos serenos se fueron apostando en la ribera más suave de la sala. Pudieron, entonces, haber dicho que entró la ondina o el elfo –por recordar a Samuel Feijoo-, pero el olor de las mandarinas impregnó el ambiente y Cintio y Fina supieron a dúo que, en realidad, había entrado la reina cienfueguera de los fogones. Cleva inició su oficio de inmediato.

Lo explicaría más tarde Cintio en un poema epistolar de Hojas perdidizas: Cleva “se puso el delantal e hizo la sopa”. Hubo charla sobre mariposas lezamianas y hubo jazz. Para hacer el plato, Cleva empleó una auyama mediana, tres cucharadas de aceite de oliva, una cebolla, dos dientes de ajo, caldo de vegetales, el jugo de dos mandarinas, poco menos de un vaso de nata batida, yerbabuena fresca, sal y pimienta.


Se dice que escucharon en algún momento la Obertura cubana de su amado Gershwin.

UN CALDER PARA LOTA Y BISHOP

CALDER. Peineta 

La vio llegar a la casa de Samambaia, después de una agónica jornada. Miró en su pelo el brillo fugaz de las estrellas y guardó esa imagen para siempre. En sus manos tomó la peineta de Calder que Lota llevaba en sus cabellos. Aspiró su olor y la invitó a la mesa. Se abrazaron.
“Cookie” (Bishop) había preparado calabacines y lomo de cerdo con manzanas verdes. Se amaron esa noche oyendo un concierto de Lota para lluvia y techo. 

miércoles, agosto 01, 2012

La casa por dentro


JAN GROOVER

Luz Machado entró a la cocina y al ver el cuchillo, dijo, aliviada:

Se quedó quieto el relámpago.
 
Las hornillas dormían.

Se acercó a la mesa con ojos de Jan Groover y sintió la presencia de dioses olvidados.