lunes, mayo 29, 2006

Elogio del jazz y de la gula


Duke Ellington

La mesa de Duke Ellington era tan copiosa como su producción musical. No sabemos si cuando visitó Venezuela en 1971 incluyó grandes cantidades de “reinapepiada” en su ingesta caraqueña, pero dadas sus inclinaciones a la variedad y a la abundancia, bien podemos imaginarnos la verosímil escena de un Duke devorando inmensas “rompebudares”, plenas del mítico relleno. La voracidad de Ellington se hizo legendaria, tanto que en un estupendo libro del profesor de Oxford, Felipe Fernández-Armesto, se da cuenta de ella, con detalles aportados por el propio genio del jazz. En efecto, cuando el autor de Historia de la comida (Tusquets, colección Los 5 sentidos, Barcelona, 2004) se refiere al culto de la opulencia en los Estados Unidos trae como ejemplo los hábitos gastronómicos de Duke Ellington.

A los amantes del jazz y de la gula, aunque no se nos escapa la extravagancia del ejemplo, nos gusta repasar el catálogo de excesos pantagruélicos de quien produjo los más profundos ecos de Harlem. Qué le vamos a hacer. Se trata de un viaje comestible por los Estados Unidos. Leámoslo, mientras suena “Concert for Cootie” y en Salsipuedes preparan un cordero al curry para celebrar el encuentro fortuito entre la cocina literaria y el piano de un músico goloso:

“Conozco un sitio en Chicago donde se pueden conseguir las mejores costillas a la barbacoa al oeste de Cleveland, y las mejores gambas a la criolla fuera de Nueva Orleans (...). Compro el salmón rosado en Portland, Oregon. En Toronto como pato a la naranja, y el mejor pollo frito del mundo lo como en Louisville, Kentucky. Pido media docena de pollos y una jarra de dos litros llena de ensalada de papas para poder dar comida a las gaviotas que siempre vienen a pedirme algo (...). Y también está Ivy Anderson`s Chicken Shak en Los Angeles, donde venden bollos calientes con miel y tortillas muy buenas con hígado de pollo. En Nueva Orleans se puede encontrar sopa de quimbombó y mariscos. Me gusta tanto que siempre me llevo un recipiente lleno al marcharme. En Nueva York pido que me traigan un par de veces a la semana chuletas de cordero a la brasa del Restaurant Turf, en la calle cuarenta y nueve. Prefiero comérmelas en el camerino, donde tengo mucho sitio y puedo soltarme la melena (...). Hay un sitio en la calle cuarenta y nueve oeste de Nueva York que tiene unos platos al curry y un chutney estupendos”

La comida rápida norteamericana más conocida por nosotros ostentaba un lugar especial para la gula de Duke Ellington. Oigámoslo con el deleite que merece su proverbial glotonería:

“En el viejo Orchard Beach, Maine, me gané la reputación de comer más perros calientes que ningún otro hombre en Estados Unidos. Una tal señora Wagner hace allí unos bollos tostados que son los mejores de su tipo en Estados Unidos. Abre un bollo tostado, le pone un trozo de cebolla, luego una hamburguesa, luego un tomate, luego queso fundido, luego otra hamburguesa, otro trozo de cebolla, más queso, más tomate y luego coloca la parte de arriba del panecillo. Sus perritos calientes llevan dos salchichas en cada bollo. Una noche me comí treinta y dos”.

Ellington no se saciaba fácilmente en el restaurante de la señora Wagner, porque a los perros calientes y a las hamburguesas le seguían unas alubias guisadas, pollo frito y bistec. Debemos advertir que esos bistecs poseían cinco centímetros de grosor. Y como todo goloso que se respete, el Duque remataba con un postre a base de compota de manzana y natillas, mezclado con nata campestre, amarilla y cremosa.

Sigue sonando el jazz espléndido que acompañó la rápida elaboración de este artículo y ahora me dispongo a improvisar en la cocina alguna mezcla inspirada en el apetito incomparable de Duke Ellington.

miércoles, mayo 24, 2006

La mesa de Uslar en Salsipuedes

Rafael Arráiz Lucca, Simón Alberto Consalvi,
José Luis Ochoa, Antonieta, M.H. Otero y FCC

Prensa UNEY.-

Dejarse llevar por el goce del buen comer es una afición de la que la mayoría de los seres humanos quiere presumir. Un delicioso menú, una mesa bien servida y el buen sabor de boca que deja la comida preparada con gusto, logran que algo tan cotidiano como comer, sea una experiencia inolvidable, a veces. Pero disfrutar de ese buen comer, con unos platos inspirados en ciertos pasajes literarios y más aún, en un personaje rico en historias y letras como Arturo Uslar Pietri, es más memorable aún.

Eso fue lo que ocurrió en el Centro de Investigaciones Gastronómicas de la UNEY (Ciguney), donde su equipo de trabajo se dispuso el pasado viernes a elaborar un menú “uslariano”, para rendir un tributo gastronómico a este ilustre venezolano en la semana en la que se conmemoró su centenario.

Así que la directora del Ciguney, Cruz del Sur Morales, junto a sus compañeros Ricardo Oropeza, Osmany Barreto, María Loyo. Damaris Loyo, Paula Hernández y el profesor Humberto Arrietti, prepararon platos sencillos de la cocina clásica francesa, con el toque característico de la cocina yaracuyana de este centro gastronómico, para el que docentes, egresados y estudiantes de la UNEY, hicieron un gran trabajo.

La entrada fue uno de los sabores más elogiados en el encuentro: casabe con queso crema, coronado por “chutney de mango”, un agridulce con toque picante, que hace una exquisita combinación.

Los platos siguientes fueron mejillones a la crema, ensalada de piña con trufa(guiño a Marcel Proust y a la belle epoque), pollo al estragón y creme brulée de postre. No fueron platos seleccionados al azar, sino escogidos por un vínculo medio secreto que guardan con las letras de Uslar. Medio secreto, ya que se refiere a los platos principales en el prólogo al libro Copas y platos de la casa, de su primo Alfredo Boulton, donde muestra su apego a la buena cocina. Allí, alaba la sazón de Yolanda de Boulton, quien entre otros manjares, prepara mejillones en ajenjo y pollo al estragón. El resto de los platos, se ubicaba en los años que el personaje vivió en París.

El almuerzo tuvo como escenario la acogedora quinta Salsipuedes, sede del Ciguney, y allí se reunieron a compartir la comida y las tertulias sobre Uslar, las autoridades de la UNEY: el rector Freddy Castillo Castellanos, el vicerrector José Luis Najul y el secretario general Ramón Sánchez Sivira, acompañados de los invitados especiales: Rafael Arráiz Lucca, Simón Alberto Consalvi, Miguel Henrique Otero y Beto Benítez, quienes participaron en el foro “Vida y Obra de Uslar Pietri”, en esa casa de estudios.

Arráiz Lucca, autor de la biografía Arturo Uslar Pietri, señaló en su ponencia que al escritor le gustaba “comer mucho y de todo”, a propósito de su disfrute por la buena cocina.

Este encuentro gastronómico-literario fue una de las actividades de clausura del cronograma de celebración de los 100 años de Uslar, y permitió encontrar intelectuales que compartieron anécdotas literarias y deliciosos platillos.

domingo, mayo 21, 2006

La mafia de la cocina


Lucky Luciano

La “tàvola nostra”

Para nadie es un secreto que Sicilia posee una de las culturas gastronómicas más interesantes del mundo y que la Magna Grecia fue siempre un espacio para el ensayo glorioso de una aparente paradoja gastronómica: la de la riquísima cocina pobre. Basta leer algún recetario palermitano o, mejor aún, las páginas espléndidas que Elio Vittorini dedica en Coloquio en Sicilia a la preparación de unos caracoles, para comprobar esta sabiduría milenaria.

Convertir lo poco en mucho es un arte que sólo los pueblos verdaderamente sufridos son capaces de manejar con destreza. El siciliano es uno de ellos. Ducho en soportar el violento siroco y en someterse a las más diversas influencias y agresiones, el pueblo de Sicilia supo sacarle provecho cultural a sus desgracias y mantener intacta una noble raigambre campesina que tiene en la cocina su mejor expresión. Gastronomía montuna, como pocas, la siciliana se adelantó a la “nouvelle cuisine” en su loable afán de reivindicar lo fresco, lo simple y lo propio, pero con una ventaja: no produjo moda alguna y por eso sigue viva. En la memoria de todo siciliano hay un sencillo fruto de la tierra o del mar convertido en alimento de su cuerpo y de su espíritu.

No será extraño, entonces, encontrar en otro producto cultural de la Magna Grecia una estrecha conexión con esa gastronomía entrañable. Me refiero a uno de los más significativos aportes que ha hecho Sicilia a la historia universal de la infamia: la mafia. Son incontables los crímenes que los grandes capos concibieron alrededor de una mesa o los banquetes realizados en algún restaurante, como el que dio Maranzano una noche para festejar su dominio total sobre el Bronx. La liturgia de la vendetta para toda "familia" que se respete incluye la comida, pero el disfrute de la mesa no queda limitado a los rituales delictivos. Es un goce cotidiano. No en balde algunos temibles capos fueron (o son) también amables y excelentes cocineros. Hoy nos vamos a referir a uno de ellos, gracias al capítulo que le dedican los periodistas franceses Jacques Kermoal y Martine Bartolomei en su formidable libro La mafia se sienta a la mesa (Tusquets, Los 5 sentidos, Barcelona, 1998). Estoy hablando del legendario Lucky Luciano.

Estamos ahora en Nápoles. Es el 7 de enero de 1963. El periodista Jacques Kermoal fue invitado a la casa de Luciano para realizar una entrevista que había solicitado varias veces. No sólo tuvo la suerte de que se la concedieran, sino que, además, recibió del “padrino” una invitación a almorzar, con el privilegio de que el propio Lucky Luciano prepararía la comida. Pasaré por alto la entrada de caviar y salmón, así como el segundo plato representado en un solomillo de buey a la napolitana con espárragos calientes y crema de oveja. Tampoco diré nada del postre compuesto por un sabayón y un dulce de almendras. Quiero detenerme en la gran presencia siciliana de ese almuerzo: la pasta a las sardinas, una notable especialidad palermitana. Se trata de bucatini, hinojo, sardinas frescas, anchoas, cebollas, piñones, uvas pasas y azafrán. En el agua donde hirvieron los hinojos, se cocieron al dente los bucatini. Luciano está sirviendo en este momento un fresco y seco Alcamo para rociar esa maravilla de Sicilia. Que os aproveche.

viernes, mayo 19, 2006

La UNEY en el Primer Encuentro Culinario Cuba-Venezuela


Cuchi en La Habana

16/5/2006

"Para mostrar las características y cualidades de cocinar criollo, la UNEY estuvo presente en el Primer Encuentro Culinario Amistoso Cuba-Venezuela, al tener como invitada especial a Cruz del Sur Morales, coordinadora del Centro de Investigaciones Gastronómicas (CIG) de esta casa de estudios.

El encuentro se realizó con motivo de la celebración de los 25 años de la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba, que agrupa a un significativo número de centros de enseñanza, teniendo escuelas en cada provincia de la isla y en cada municipio de La Habana.

Morales, única invitada de nuestro país, se encargó durante seis días, de un taller sobre cocina venezolana, sus formas de preparación, influencias, ingredientes, y todos los elementos que componen y describen nuestros platos típicos.

El taller se dividió en una parte teórica con reuniones y conversaciones, para intercambiar experiencias con quince profesores cubanos de cocina, y relatar historias y anécdotas de la comida criolla. Y la práctica, en la que Morales cocinó junto a seis profesores de la Escuela Culinaria de La Habana, para realizar una degustación de diversos platillos de ambos países.

De Venezuela se presentaron tequeños y hallacas, que fueron los más exitosos; tarkarí de chivo, bollitos, ensalada de gallina, pabellón, arepas, chupe de pollo, pastel de polvorosa, bienmesabe y chicha de arroz; mientras que, lo más destacado de la cocina cubana fue el congrí colonial, chilindrón de chivo y trufa con merey.

Esta degustación fue el cierre de la actividad y se llevó a cabo en la Escuela Culinaria de La Habana, una gran casa colonial, a la cual asistieron representantes de la embajada venezolana, de las escuelas culinarias de provincia y el presidente de la Federación de Asociaciones Culinarias de la República de Cuba, el chef Gilberto Smith Duquesne.

Además de las tertulias y el hecho de cocinar con estos profesores y compartir experiencias, Morales también tuvo la oportunidad de recorrer los mercados de La Habana y acercarse al ritmo de vida y costumbres a la hora de ejercer este arte cotidiano, que viven día a día los cubanos.

El Centro de Investigaciones Gastronómicas recibió la invitación para este encuentro, durante el Festival del Caribe, realizado el año pasado en Santiago de Cuba, en el cual, Cruz del Sur Morales, también tuvo una participación en el área culinaria por medio de una demostración gastronómica venezolana.

Morales señaló que los cubanos están muy interesados en aprender sobre nuestra cocina, en vista de la cantidad de venezolanos que se encuentran en la isla debido a la Misión Milagro, así como un buen número de estudiantes, por lo cual, han estado estudiando teórica y prácticamente, la gastronomía de Venezuela".

Prensa UNEY.

lunes, mayo 15, 2006

Diferencias sobre Uslar

1. ¿Cuándo nos pondremos en serio a hacer la historia de la alimentación de Venezuela tomando en cuenta nuestras realidades económicas y sociales y no simplemente los consumos de un muy minoritario sector de la población? Un estupendo ensayo de Uslar Pietri sería nuestro punto de partida. Podría seguir así y reseñarlo, destacando su análisis acerca de las causas del poco comer del venezolano: por muchos años nuestros principales productos de exportación fueron el cacao y el café, mientras que la producción agrícola verdaderamente comestible nunca dejó de ser menor. La Venezuela petrolera nos haría después consumidores de alimentos importados sin que disminuyera la desigualdad de su distribución. Se mantuvo el exiguo comer de muchos y el mucho comer de pocos. Repito: podría continuar por esa vía y hacer asociaciones de ese planteamiento con algunas ideas ya comentadas en este blog, pero quizá sea mejor referirme a la obra literaria de Uslar Pietri, aunque no haga vinculaciones gastronómicas ni evoque al joven Uslar mecanografiando en Maracay el menú de algún restaurante de la época gomera. Total, la fecha lo justifica.

2. Se me ocurre recordar, entonces, mi primera conexión con la obra de Uslar Pietri. Tengo siete años. Juego en el patio de mi casa. Mi papá lee cómoda y gozosamente, acostado en una hamaca. Me acerco para averiguar el motivo de la risa. Me muestra el libro: son las Obras Selectas de Arturo Uslar Pietri editadas por Edime. Estaba concentrado en los cuentos y algún episodio de José Gabino le produjo una risa incontenible. Recuerdo que mi padre elogió en ese momento el uso de alguna palabrota. No retuve más detalles, salvo el color rojo del volumen. Esa primera conexión con la obra de Uslar habría de tener después para mí un gran valor, tan simbólico como afectivo. Fue la imagen de la lectura como deleite y como juego. Seguramente yo me divertía con algún juguete, ¿pero no se divertía igual o más mi padre con el suyo? Además, esa imagen fue el roce inicial con lo que ahora juzgo como lo mejor de la obra literaria de Arturo Uslar: sus cuentos. En ellos Uslar nos entregó su humor, su gracia y su visión más libre de la vida. Sin desdeñar nada de los otros libros que escribió, los de cuentos son para mí la parte más entrañable del universo uslariano.

3. Algunos meses después, específicamente, la tarde del 23 de enero de 1958, alguien llevó a mi casa un ejemplar de la edición extraordinaria de El Universal. Uslar Pietri aparecía declarando en la primera página. Nunca olvidaré el comentario de mi vecina Coromoto Hernández, quien tendría para ese momento 16 o 17 años: “Hay que escuchar a ese hombre”. El periódico estaba sobre una mesita ubicada en el rincón del recibo, la misma mesita del árbol de navidad (ahora que la recuerdo siento que recobro la estética pobre de mi casa, el art-decó de la época, con sus asimetrías de madera o sus curvas musicales). Allí vi la foto de Uslar Pietri hablándole a una parte importante del país desde la primera página de El Universal ese inolvidable día de enero del 58. Noles volens, mi amiga Coromoto había hecho una premonición. Uslar Pietri terminaría siendo una especie de oráculo nacional, lastimosamente, más requerido que acatado.

4. Mañana Arturo Uslar estará cumpliendo cien años. Aunque no lo haya escuchado bien, ni antes ni ahora, Venezuela se ha puesto de pie para aplaudirlo.

miércoles, mayo 10, 2006

Dora Maar en la Boquería


Mercado de la Boquería.
Foto de Dora Maar.

La magia de los mercados. La magia de ese mercado, el sancta sanctorum de la alimentación barcelonesa. La magia de la fotografía. La magia de la fotógrafa Dora Maar, afligida siempre, pero alegre en el más bello mercado del universo.

(A Cuchi, por el recuerdo)

viernes, mayo 05, 2006

Jean François Revel, in memoriam

Un festín en palabras

Lo conocí por Juan Nuño, traductor de su delicioso ¿Para qué filósofos?, una requisitoria letal y divertida de todas las echonerías filosóficas que en el mundo han sido. Con ese primer libro Revel no dejó títere académico con gorra dentro de la filosofía practicada por los profesores universitarios. En sus páginas se burló de lo lindo –y con razones contundentes- de los pesados epígonos de Heidegger, y de Heidegger mismo, por supuesto. Allí Revel se adelantó a todas las crueles chacotas que muchísimos años después despertaría clamorosamente el señor Lacan, para vergüenza de uno que otro de sus seguidores, ya que el resto no se ha enterado aún de la recepción que en ciertos círculos generó su "maestro”. No en balde fue Juan Nuño el introductor de Revel en Venezuela. Corría el año 62. Había pasado un lustro de la primera edición francesa.

Porque me agradan los escritores que saben elevar el libelo a indiscutible categoría literaria, la filosa pluma del marsellés despertó desde entonces mi admiración, a pesar de las diferencias conceptuales que siempre encuentro cuando releo sus libros de tema político o ideológico. Así, no olvido nunca el también incordiante título Ni Marx, ni Jesús, otra joya de la irreverencia, de quien comenzó su carrera literaria cambiando su apellido Ricard por el de un chef del distrito uno de París, propietario del restaurante Chez Revel.

Dentro de la bibliografía de Revel hay un título fascinante que yo no dudaría en calificar de obra maestra. Me refiero a Un festín en palabras, el ejemplar libro gastronómico del escritor fallecido el pasado 30 de abril. Nadie ha escrito con tanta cultura y gracia sobre la historia de la sensibilidad culinaria desde la antigüedad hasta nuestros días como lo hizo Revel en ese libro tan inteligente, tan informado y tan crítico. De la mano de la mejor literatura, sus páginas nos regalan un gozoso recorrido por los momentos más importantes de la gastronomía de Occidente, así como fecundas apostillas y observaciones propias de un espíritu reflexivo que no se limita al elogio de la mesa. Revel hizo en ese libro la historia del apetito, de las costumbres y del gusto sin el fastidioso aparato de los científicos sociales, sino con la sabiduría selectiva del buen comensal y el estético hedonismo de quien aprecia tanto los platos como la buena retórica que los designa. Yo recomendaría a todos los estudiosos del tema un paseo por este libro suculento para reafirmar la fe en la buena literatura gastronómica y olvidar la desangelada prosa de algunos "académicos" de la alimentación, muy bien intencionados, pero carentes de gracia a la hora de escribir (y de cocinar) sabroso.

También recomiendo el libro de Ravel para seguir curándonos de la deconstrucción culinaria, pobrecita ella, que no sabe aún que tiene los días contados como pasa con todas las modas. En Un festín en palabras encontramos una hermosa aproximación a la cocina honesta, esa que no se esconde jamás en “originalidades” o “innovaciones” piratas y que reivindica con orgullo su procedencia campesina, su conexión con la receta tradicional, sin dejar de renovar o de enriquecer al paso del tiempo todo lo que toca, nunca lo que trastoca.

Concluyo con una cita de Revel que aspiro sea del agrado de los amantes del saber culinario, así como efectivo revulsivo para los cultores de la apariencia y de la pedantería gastronómicas:

Lo difícil es reencontrar, detrás del aparato verbal de las cocinas de artificio, la cocina popular anónima, campesina o `burguesa`, que exige su punto y sus pequeños secretos, que evoluciona lenta y silenciosamente y donde no hay un inventor particular. Es esta cocina media, el arte gastronómico de las `profundidades`, la que explica que en unos países, se `coma bien` y, en otros, se `coma mal`”.

P.D: Acabo de percatarme de que este post es el número 100. Celebraré oyendo a Sabina, con quien comparto la opinión de que valen más cien pájaros volando que uno en mano.

lunes, mayo 01, 2006

La mesa de Uslar Pietri (y II)

Arturo Uslar Pietri

Arturo Uslar se percata de que ha llegado la hora estelar del convivio porque ya el copero se levantó y ha ido hasta el armario en busca de los ingredientes que empleará en su sagrado oficio. Uslar sigue con interés la ceremonia del copero, “oye el crujido generoso de los corchos, el gangoso gluglutear de los golletes” y la perfecta percusión del maestro, que, para mejorar su mezcla, la gira en este instante con ritmo acompasado. Pronto será servido el armonioso y certero aperitivo. Hoy se trata de una bebida llamada El Paladín, cuya receta, Alfredo Boulton la describe así:

En una jarra grande de cristal se vierte el contenido de una botella de champaña brut. Se agrega una muy pequeña cantidad de brandy y de Grand Marnier (la practica indicará la cantidad y cálculo adecuados). Se colocan trozos grandes de hielo y se los hace girar muy suavemente en la jarra hasta que el contenido esté bien helado, procurando que nunca llegue a aguarse. Eso es todo.

Para que no se caliente en las copas, Boulton recomienda tomarse este coctel “de un sólo lepe”. Y eso es lo que acaba de hacer Arturo Uslar. Se enciende la gracia de la charla y casi al instante el apetito llega “a su más noble punto: aquel en el que se sueña con un hambre, más del gusto que de las entrañas”.

La casa de la bahía de Mompatar vive ahora su momento cumbre. Se divisan “los azules fantasmas de las montañas de la costa firme” y los comensales van ocupando sus puestos para asistir al festín de los prodigios. Para Uslar es la hora en que el sortilegio de la casa se afina “y se convierte en fabuloso encantamiento”. Afirma: “El que no ha sido capaz de sentir esto, no ha conocido la casa, aunque haya estado en ella. No ha sentido bajar las musas al banquete, y ha recibido de sus maravillosos dones tanto como un ciego que ha estado en la Capilla Sixtina”.

El centro de la casa se ha trasladado de la cocina a la mesa o quizá ésta no sea más que una prolongación de aquélla. Van llegando los platos. Primero unos mejillones, y después, un pollo al estragón.

“Con el calor del vino y del manjar perfectos, sube una emoción estética hasta el espíritu”, apuntará más tarde el invitado de honor.

Vamos a dejarlo, por ahora, con los Boulton en el goce supremo de su estupenda mesa de Margarita. Eso sí, tomemeos antes de Yolanda, dueña de la casa y cocinera silenciosa, la receta de uno de los platos del menú, a sabiendas de que nadie “podrá rehacer uno de aquellos guisos, porque cuando crea que ha puesto todo, le faltará casi todo, la casa y sus gentes, y le habrá de parecer que la receta no ha salido bien”, como dice con nostalgia Arturo Uslar en el espléndido prólogo al libro de sus primos:

MEJILLONES YOLANDA
(Para 10 personas)

Ingredientes:
150 mejillones pescados en Burrito el día antes;
¼ de kilo de mantequilla fresca;
1 taza pequeña de echalotte y si no se tiene, de cebolla blanca rallada;
1 taza de zanahorias crudas ralladas;
1 taza de pasta de tomate;
5 dientes de ajo rallados;
sal y pimienta al gusto;
1 taza de crema de leche;
1 cucharada de whisky Highland Queen 5 años;
2 cucharadas de vermut francés.

En una olla de cobre especial para mejillones poner a sofreír las cebollas y ajos; al comenzar a coger calor, agregar la taza de zanahorias; dejar cocer un poco y añadir la pasta de tomate, la sal, la pimienta, el whisky y el vermut y luego los mejillones muy bien lavados. Tapar bien la olla y dejar cocer durante 10 minutos. Añadirle fuera del fuego la crema de leche, mezclar bien y servir inmediatamente y muy caliente. No se debe cocer más de 10 minutos
”.

Buen provecho.
 
P.D: El libro de Alfredo Boulton se titula "Coplas y platos de la casa".

lunes, abril 24, 2006

La mesa de Uslar Pietri (I)


Arturo Uslar Pietri

Dentro de tres semanas estaremos celebrando el día exacto del centenario de Arturo Uslar Pietri, una de las figuras más importantes de la cultura venezolana de todos los tiempos. En efecto, el próximo 16 de mayo tendremos la oportunidad de unirnos en un acto de reconocimiento y de alegría por compartir con Arturo Uslar Pietri el mismo país, las mismas angustias y los mismos cielos.

Durante muchos años Uslar fue la voz de una conciencia vigilante, por encima de discrepancias doctrinarias o políticas, pero –y esto es lo valioso- sin dejar de representar una visión ideológica liberal que defendió en todo momento con la eficaz brillantez de su verbo y de su pluma. ¿Por qué pudo haber ocurrido esto en un país tan ganado a la negación total de los contrarios? Pienso que el tiempo fue colocando las cosas en su sitio justo. Así, en las dos últimas décadas de su vida ya era imposible negarle a Arturo Uslar Pietri la solvencia intelectual que no dejó de poseer jamás. Ni el más soberbio de sus adversarios se hubiese atrevido a hacerlo. Pero no bastó con eso. Todos le reconocieron, además, su pasión por Venezuela, que como indica el sentido original del vocablo, comportaba un auténtico sufrimiento por el deterioro moral de nuestra patria. Es ahí, en esa zona de la aflicción ética, donde tirios y troyanos terminamos compartiendo espacios.

Para recordar a Uslar Pietri el Centro de Investigaciones Gastronómicas de la UNEY nos propone ocupar los puestos de otro importantísimo lugar común, quizá el lugar común por excelencia: la mesa. Y lo hace invitándonos a rescatar un texto no tan conocido del ilustre caraqueño: el prólogo al libro Copas y platos de la casa de su primo Alfredo Boulton. En esas páginas Uslar Pietri hace de hedónico maestresala y se muestra devoto de los placeres que proporciona la buena cocina, así como de la mesa habitada por los amigos en gozosa comunión. Uslar va anunciando la llegada del condumio. Elogia a la “graciosa dueña” (Yolanda), que ha hecho largas y reiteradas ausencias en la cocina y vuelve para decir que los mejillones en ajenjo están a punto y que también lo están el pollo al estragón y la “bouillabaise” con imponderables pescados del Caribe. Habla Uslar de emoción estética cuando se refiere a la hora de la “recogida y silenciosa degustación” y termina calificándola de prodigiosa.

Un soneto dedicado a una tortilla hecha por Yolanda de Boulton da cuenta del valor espiritual que Uslar Pietri le asignaba a la cocina. Vamos a compartirlo hoy con los amigos de este blog:

A una tortilla que hizo Yolanda
Tres breves lunas rotas, desleídas
en aros de Bellini y de Tiziano,
besadas por las llamas más dormidas
y movidas al ritmo de tu mano,

hicieron el prodigio de esta hora:
esta tortilla justa, sabia y suma,
que es salamandra viva y cantadora,
nube de oro y sabor y flor de espuma.

¿A qué sabe esta gloria luminosa?
es preguntar por qué la rosa es rosa
y sale porcelana de la arcilla..

Más vale abandonarse a su caliente
prodigio, y olvidar, con hambre ausente,
que una es el mundo y el cielo es otra orilla
.

(Arturo Uslar Pietri. Mompatar, la noche del 31 de marzo de 1956).

Esa fue la entrada. Para el próximo post, el resto del menú uslariano. Salud.

miércoles, abril 19, 2006

El lebranche cachicameado


Pescadores de Paria

Y ahora tiene la palabra Alfredo Armas Alfonzo, inventor del oriente de Venezuela, incluida su fauna, su flora y su cocina:

"El lebranche es familia de la lisa, y frito o asado, en sancocho o como se prefiera servirlo, no le viene a la zaga del más rico bocado de procedencia marítima. De todas estas formas, el modo designado como cachicameado ofrece una novedad que bien vale la pena probar. El pescado se abre por el dorso y se le zanja la carne de la cabeza a la cola, sin escamarlo. Limpio ya, se le rellena de una mezcla compuesta por aliños, alcaparra y aceitunas, se cierra y se le amarra con alambre a la cabeza y cola, y se pone a asar. Pruébenlo quienes ignoran su suculencia".

(Alfredo Armas Alfonzo, Revista Aravenei, Nro. 1, 1973, Ford Motors de Venezuela, Caracas)

Picón Salas y las arepas trujillanas de la negra Josefa


Mariano Picón Salas

Asumo el lugar común y el riesgo de incurrir en una pesadez (in)necesaria: el tema de la gastronomía es tan importante que no podemos dejárselo a los "chefs" ni a los "gastrónomos ilustrados". Dejemos, para provecho de todos, que nos hablen de gastronomía las cocineras y los cocineros humildes y los intelectuales que no han hecho de la cocina un simple neg-ocio sino un verdadero ocio creador.

Hoy habla Mariano Picón Salas:

"Viajo un poco por mis reminiscencias y andanzas gustativas en varios rincones venezolanos para decir cuales fueron las que más me deleitaron. a pesar de ser merideño, y sin ánimo de ofensa o querella areperil contra ninguna provincia, daría mi voto por las del Estado Trujillo. No se han vuelto a ver en este universo mundo, que cada día se nos torna más uniforme y angosto, arepas que equivalgan en tersura y nitidez a las que hacía la rolliza negra Josefa en su fonda bautizada de `Hotel Comercio`, en el pueblo de Motatán, y cuyos extraordinarios guisos saborearon hasta el año veintitantos los viajeros que aguardaban los despaciosos y chirriantes convoyes del fenecido ferrocarril de La Ceiba. Toda esta tierra del distrito Valera es privilegiada de arepas. Y tres o cuatro especies de quesos: el salado de la tierra caliente, el mantecoso de los páramos, el arenoso de Perijá, contribuyen a sazonarla en forma inenarrable".

(Mariano Picón Salas, Pequeña historia de la arepa, Suma de Venezuela, Caracas, 1966)

lunes, abril 17, 2006

Gastronomía universal de Paria

En el principio fue el verbo de Colón. La llamó Tierra de Gracia y creyó que ella albergaba el paraíso terrenal. Acertó, pese al grave problema visual que lo aquejaba entonces. Desde ese día de agosto de 1498 nadie con sensibilidad ha pasado por la península de Paria sin darle la razón al genovés. Bien sabemos que los paraísos los lleva uno adentro, pero es sólo en un paisaje propicio donde podemos algún día descubrirlos y apreciarlos de verdad. En Macuro o en Playa Medina se verifica con menos infrecuencia que en otros lugares ese fugaz milagro de la iluminación edénica.

Paria lo tiene todo para seguir deslumbrando a los seres humanos capaces de descubrir la inconmensurable gracia de sus parajes prodigiosos. Tiene magia y secretos todavía por revelarnos. Posee, además, una de las mayores riquezas gastronómicas de todo el Caribe, que es como poseer el gusto supremo del mar y de la tierra, un patrimonio inmaterial destinado al mayor de los disfrutes: el del espíritu. Esta riqueza es el resultado de un largo proceso de encuentros culturales de hombres y mujeres de la más diversa procedencia. Desde La India pasada por Trinidad o desde Francia pasada por Martinica, a la Paria de aborígenes, mestizos y negros, fueron llegando significativos aportes para su particular modo de proporcionarle sazón y picardía a su cocina. Basta mencionar dos platos de Güiria para comprobarlo. Uno, el incomparable talkarí de chivo o de gallina con orégano, clavos, pimentón, ajos, vinagre, pimienta brava, tomate, cebolla, aceite o leche de coco y que tiene en el masalá su ingrediente más conspicuo. El barroco culinario del Caribe hace de las suyas en esa sorprendente combinación de sabores y de culturas.

El otro plato es un guiso o sopa espesa llamado musicalmente calalú. Un personaje del güireño Gustavo Díaz Solís (por cierto, uno de los mejores narradores venezolanos) escucha a su padre durante el almuerzo. El padre relata nuevamente una historia de violencia que no termina nunca y la sopa, como era de esperarse, se enfría, pero también, como siempre, está sabrosísima. Y es que se trata del calalú de Güiria, obra maestra de la gastronomía pariana, apta para cualquier temperatura y dispensadora de un deleite digno de la más selectiva de las gulas. Así la describe Díaz Solís en Velando a pensamientos desatados, cuento de donde he tomado el episodio: “Sopa espesa y verdeoscura, hecha de acelgas, quimbombó, cangrejos y masitas de harina de trigo”. Podemos comparar esa descripción con esta otra de Alfredo Armas Alfonzo: “De procedencia de la isla frente a Paria es el calalú, plato pobre y poco exigente, que sólo requiere el chimbombó o el repollo en su defecto, carne de chivo salado, sal, tomate, pimentón, ají dulce, cebolla, leche de coco no tan pura, algunas jaibas o jamón si hay para ello. Inolvidable”. Y podríamos seguir, porque las variantes del calalú no se detienen, como ocurre con todo plato que acompaña festejos social, cultural y económicamente transversales. Así, encontraremos también el calalú con gallina y hojas tiernas de ocumo, pero, por supuesto, con jaibas (cangrejos) sacadas del fondo cuando en tiempos de bajamar el golfo se retira.

Brindemos hoy con mabí güireño por la gastronomía universal de Paria.

lunes, abril 03, 2006

SSSS (Santi Santamaría, Soria, Snobs)

Nuevamente Alberto Soria nos llama la atención sobre las desviaciones circenses de ciertos cocineros. Esta vez se apoyó nada menos que en Santi Santamaría. Reproduzco parte de su artículo:

“Teme uno, no le van a dar más portadas en las revistas de autobombo culinario que ahora crecen como hongos. Ni le van a invitar mucho a los congresos, ferias de negocios y tertulias académicas pero de vanguardia, que se montan en la cresta de la ola de la fiebre que sacude cocina, tragos y vinos. Pero se ganó el aplauso. En su estilo, el gordo se sacó las ganas. El, que las tiene todas (cinco de la Michelin, seis de otras guías) no podrá ser acusado de buscar protagonismo por ambicionar estrellas. La crítica lo considera un profesional serio. Al igual que sus pares con fama, que hablan desde el púlpito de restaurantes exitosos de más de 10 años, se le conoce como un trabajador tenaz. El pasado lunes en la tarde, cuando lo entrevistaba la televisión francesa, lanzó una proclama: "Los cocineros no podemos convertirnos en los bufones de los esnobs".

Santi Santamaría se llama el personaje. Se cuenta aquí el episodio porque seguramente no habrá usted oído de él. No lo verá en la televisión, ni comentado en “Hola” o similares, ni en los espacios que ya se imagina. “La cocina contemporánea - explicó Santamaría - corre el riesgo de reventar como una bolsa de tinta de calamares si la especulación sigue ganando cada vez más terreno a la autenticidad; es decir, a las raíces culturales, al territorio y al sentido común”. Lo dijo en la inauguración del primer Encuentro Internacional de Gastronomía, que durante tres días reunió a una veintena de chefs de todo el mundo en Toulouse.

(...)
Uno se imagina entonces a los autoproclamados dictadores del gusto, y sus delfines, corriendo a tratar de tapar con servilletas, como si fuera una mancha en el mantel, al verdadero primer cocinero catalán de los nuevos tiempos. Corten; no lo vuelvan a invitar; ignórenlo que arruina el negocio.

Ahora que en el país se come de televisión argentina, el Santi se les atraganta a los esnobs. ¿Qué le van a responder? ¿Que no sabe?. Fue el primer cocinero catalán en obtener las tres estrellas de la Michelin (1994). Aprendió a cocinar con sus padres, después conoció a Michel Guérard, Alain Senderens y Freddy Girardet. Cocina con su mujer; puso a su pequeño pueblo en el mapamundi de la gastronomía; hace 25 años que tiene un restaurante, a los siete años de la apertura los franceses le dieron la primera estrella. Abrió en Madrid con su más aventajado alumno un segundo restaurante, para 40 personas. A los cuatro años ya tenía allí otras dos estrellas Michelin. ¿Lo van a ningunear porque no hace cocina de probeta, ni molecular, ni fusión, sino cocina de terruño? ¿O porque no tiene un programa en la televisión?: ‘La cocina sin olor no tiene alma. No se puede comunicar’ respondió. En el momento en que Adriá se auto-proclama “el Picasso” de la cocina, las declaraciones de Santamaría son como sus platos: Goza uno”.

Chapeau.

lunes, marzo 27, 2006

Filosofar y aderezar la cena

(Fragmentos de una cocina amorosa)

1. También en la cocina habitan los duendes de la poesía. No creo que haya otro lugar en la casa donde la creación se vuelva cotidiana y donde la imaginación se una al pensamiento para aderezarlo y hacerlo siempre más amable. En la cocina hay ciencia y poesía, álgebra y fuego, deseo y memoria. Sor Juana Inés de la Cruz descubrió en ella los secretos naturales y se lamentó de que Aristóteles no hubiese cocinado nunca. “Si hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”, afirmó la inteligente monja, para quien la cocina era un espacio filosófico. “Filosofar y aderezar la cena” era una frase de uno de los Argensola (¿Lupercio?) que a Juana Inés le gustaba repetir.

2. La cocina es albergue. Voy a la cocina y recuerdo un verso de Umberto Saba: “Me accoglie al caldo la cucina”. ¿Dónde está ese verso? Busco Mediterráneas y lo encuentro. Está en el bellísimo poema “Gratitud” que había marcado alguna vez. En él Saba recuerda sus días en Roma y en Milán. En esta última siente la tristeza bajo la nieve, pero también siente más bella la ciudad. Y es allí donde el poeta acude a la cocina buscando calor. Y el calor lo acoge. Ese momento se convirtió después en un verso que recuerdo ahora cuando entro a la cocina de mi casa buscando una metáfora. Y la encuentro.

3. Lezama fuma su tabaco en La Zaragozana. Está feliz por el almuerzo, por la agradable compañía y por el verso que acaba de pensar (“Su casa era el espacio de la mañana”). El pensamiento lezamiano viene con el recuerdo de la cocina de su casa. Ella es el eterno espacio de la mañana en donde su madre hierve la leche y sigue las aromosas costumbres del café.

4. Voy al libro de Lezama donde consigo el verso anterior. Es el comienzo del poema “Nacimiento del día”. Está en Fragmentos a su imán, ese espléndido y milagroso libro final del etrusco de La Habana. Hago la lectura y veo de pronto a la diosa ambarina que regresa y destrenza “graciosamente su cabellera planetaria”. La diosa ambarina entra a la cocina.

5. Las cocinas exageradamente asépticas no son hospitalarias, aunque parezcan de hospital. A mi me gustan las cocinas barrocas. Y si sobrias, me agrada que tengan alguna gracia o algún mínimo desarreglo. Nada que ahuyente a los duendes de la poesía. Nada que frene el trabajo secreto de la imaginación.

6. Recuerdo en este momento la cocina de mi abuela. Para entrar se pasaba por un tinajero que refrescaba con sólo mirarlo. La magia comenzaba allí. Era una cocina pobre pero repleta de viejos utensilios. De ella salían maravillas. Una, el olor del agua de azahar que todavía me subyuga.

7. Sin duda, el centro de la casa es la cocina. Es el lugar del más noble oficio doméstico. De las manos de la oficiante nos viene el alimento sagrado de la vida. Ella nos da el pan y el vino. Ahí está todo.

lunes, marzo 20, 2006

Saber comer es saber vivir

Una política alimentaria limitada a la distribución nunca pasará de ser un paliativo. Pensamos que la política alimentaria idónea es aquella que se fundamenta en la educación y la cultura. Así lo vieron algunos venezolanos hace décadas, pero lastimosamente no hubo continuidad en su doctrina. Nos referimos a quienes concibieron y ejecutaron una de las acciones públicas más efectivas que tuvo Venezuela en el siglo XX: Arnoldo Gabaldón y su equipo antimalárico. Para ellos la salud no se circunscribía a combatir la enfermedad (cosa que hicieron y muy bien) sino a sembrar cultura sanitaria en el país, incluyendo dentro de esa cultura los saberes gastronómicos.

Haber abandonado un trabajo como ese nos dejó a merced de nuevos morbos y nos hizo fácil presa de la internacional de la chatarra culinaria. Nos separamos de nuestro ambiente, eludimos el paisaje y nos hicimos muy “urbanos”, pero sin genuina urbanidad y peor aún, sin buenos modales. Nos olvidamos de los frutos de la tierra, de su cultivo y de su uso y dejamos de ejercer la cotidiana investigación casera de los fogones, esa manera barata de hacer ciencia fecunda sin echonerías ni inflados presupuestos. Hoy, que tanto hablamos de desarrollo endógeno, podríamos rescatar algunas sabias recomendaciones que ilustres venezolanos nos hicieron alguna vez. Así, en su estupendo libro Comprensión de Venezuela, Mariano Picón Salas escribió estas palabras que de seguidas reproduzco:

“En un paisaje de calor húmedo el Dr. Juan Iturbe hizo una observación que no es sólo de hombre de ciencia sino también de poeta: mientras los hombres marchaban pálidos y desmirriados, los pájaros –turpiales, paraulatas, gonzalitos- se alborozaban en los árboles y parecían con sus plumajes brillantes, los ojos fogosos y el buche henchido de cantos, los pájaros más felices de la tierra; las aves del Paraíso. De la guayaba al caimito, del guanábano al anón, picoteaban su banquete frutal. La mañana, herida de sol, saltó como una flecha de sus gargantas. El gozoso desayuno de los pájaros contrastaba con el que hacían en el rancho próximo unos campesinos, con su lámina de casabe viejo y su café aguachento. Y es que más sabios que los hombres, los pájaros sabían elegir su comida; no sufrían de avitaminosis. No calumniemos tanto al clima ni hagamos una improvisada Sociología sobre los efectos del Trópico mientras no enseñemos bien a comer y a vivir a nuestros campesinos; a los del frío San Rafael como a los del caliente Tucupita; a los de tierra seca como a los de tierra húmeda, a los del llano y de la altiplanicie. Hay en Venezuela, precisamente en el Ministerio de Sanidad, un conjunto de jóvenes investigadores que diseminados por todo el país ya nos han enseñado cómo se alimenta y por qué se enferma la población rural. Está descrita en estos cuadernos una auténtica política social –humana, quisiera decir más bien-, que haga del hombre venezolano un ser más feliz, más dueño de su ambiente que lo que lo fue cuando lo expoliaban los ‘Jefes Civiles’ y los caudillos alzados. Juan Bimba, el hombre de la `pata rajada` o de la alpargata de fique, se vengaba en las coplas de su tosco romancero:

Yo conozco generales
hechos a los empellones.
A conforme es la manteca
así son los chicharrones.

Y esta súplica conmovedora: ¡No me diga General porque yo a naide he robado!”.

(Comprensión de Venezuela).

Si donde Picón escribió “campesinos” añadiéramos “ciudadanos”, su recomendación podría suscribirse hoy sin más enmienda que la de la fecha.

martes, marzo 14, 2006

Guama entre el recuerdo y la cocina

De Salsipuedes me llega este texto yaracuyano que quiero compartir:

Quiero que me cultives, hijo mío,
en tu modo de estar con el Recuerdo,
no para recordar lo que yo hice,
sino para ir haciendo.
Que las cosas que hagas lleven todas
tu estampa, tu manera y tu momento.
Y cultiva mi amor con tu conducta
y riega mi laurel con tus ejemplos.


Andrés Eloy Blanco (Coloquio Bajo el Laurel)


La semana pasada el Centro de Investigaciones Gastronómicas de la Uney se llenó de aromas y sabores guameños entre las sabias manos y los relatos añejos de unas cocineras muy particulares.

Mari Escalante, Soila Liscano de Mujica, Felipa Avendaño de Rojas, Edita Lugo de López, Claudina Palacios y Venicia de González nos visitaron en el marco del evento "El Festival de la Ciruela de Huesito”. Estas señoras, todas diestras en el quehacer culinario fundamental, el del hogar, llegaron al CIG ávidas de conocimientos, con la actitud del buen estudiante, pero como era lógico que sucediera, terminamos, nosotros los cocineros del Centro siendo los alumnos y ellas las profesoras.

Estas señoras cocineras se convirtieron entonces en Profesoras Honoris Causa del CIG y se dedicaron a cultivarnos con la experiencia de las antiguas sembradoras. Así, Edita cortaba con destreza el plátano maduro mientras se calentaba el aceite para hacer las tajadas; Mari en su acento caleño evocaba su tierra natal cuando nos enseñaba como hacer la mejor sobrebarriga; Felipa añorante en su relato nos contaba cómo cocinar las caraotas carita e’ cabra, que se les debe remojar y sacar la "primera agua" para evitar su sabor amargo y acompañarlas con ocumo, plátano verde y paticas de cochino; Soila nos descifraba los secretos de su ensalada de pollo; Claudina se recreaba con la tabla y cuchillo picando con agilidad los aliños para la carne mechada, mientras Venicia aliñaba unas caraotas de ensueño que inmortalizaban en nuestra memoria la sazón de sus alucinantes empanadas de pabellón.

Hoy, así como reza el epígrafe que abre este texto, regamos el laurel con el ejemplo que nos han dejados estas señoras. En el CIG seguimos cocinando, redescubriéndonos, haciendo.

Ricardo Oropeza y Osmany Barreto
Docentes de la UNEY

miércoles, marzo 08, 2006

Soy loco por ti, cozinha baiana

Ahora pongamos un disco de Gilberto Gil y comencemos la lectura. Se trata de un brevísimo viaje a Bahía de Todos los Santos -reino del dendé, del coco y la pimienta- de la mano de Jorge Amado y de Gilberto Freyre.

Toma la palabra el autor de Doña Flor y sus dos maridos y nos dice:

“En los barcos negreros vinieron el dendé y el gusto de la pimienta, la cocina ritual de los negros, las comidas de los orixás. Los cocoteros crecían en las playas y el goloso portugués trajo sus recetas de dulces y su azúcar. Los gustos se mezclaron: la mandioca de los indígenas, la blanca harina, el aceite color oro del dendezeiro, la pimienta, el coco, el amendoim, el jengibre. Los platos portugueses se volvieron más picantes, su gusto más definido y fuerte. Los guisados africanos perdieron su agresividad y ganaron en finura. La cocina sabia y simple de los indios ofreció sus hojas, sus raíces, sus animales. Así nació la cocina bahiana, sin duda y sin exageración, una de las más finas y sabrosas del mundo. Ciertos platos –como la moqueca de siri mole, el vatapá, el efó- pueden figurar dignamente en una pequeña y extremadamente seleccionada antología de la cocina universal (...). En la cocina bahiana los elementos característicos son: el dendé, el coco y la pimienta. Rara es la comida donde no aparezca por lo menos uno de ellos. Los platos más sabrosos y de mayor fama son el vatapá –maravilla de color, olor y sabor, el caruru, el efó, el araçá, el acarajé, el abará, elsarapael, el xinxin (de gallina o de cabrito que se llama xinxin de bode), la frituras de camarones, de cangrejos, de maturi, de aratu, de bacalao; las moquecas de pesacado, de camarón, de siri-mole, el haberme y el arroz de haussá” (Bahía de Todos los Santos).

Ahora es Gilberto Freyre quien nos guía:

“En el régimen dietético brasileño, la contribución africana se afirmó principalmente con la introducción del aceite de dendé y de la pimienta malagueta, tan característicos de la cocina bahiana; por la introducción del quimbombó; por el más frecuente uso de la banana; por la gran variedad de los modos de preparar la gallina y el pescado. Varias comidas portuguesas o indígenas fueron modificadas en el Brasil por la condimentación o por la técnica culinaria del negro; algunos de los platos más característicos brasileños son de técnica africana: la farofa, el quibebe, el vatapá. (...). De los núcleos de alimentación afro-brasileña, Bahía es el más importante. Desarrollóse allí la dulcería de calle, como en ninguna ciudad brasileña, entablándose una verdadera guerra civil entre los bocadillos de tabuleiro y los postres hechos en casa. Aquél, el de las negras libertas, algunas de ellas tan buenas dulceras que conseguían amasar fortunas vendiendo bollos”. (Casa-Grande y Senzala)

Freyre agrega que no sólo los dulces de tabuleiro son una delicia, también nada mejor que la tapioca mojada envuelta en hoja de plátano, vendida por las negras bahianas en su famosa bandeja de madera. La “tapioca mojada” es una especie de guisado de camarones y hierbas, condimentado, por supuesto, con aceite de dendé y pimienta.

Gilberto Freyre no sólo fue un científico social estimadísimo, sino también un goloso legendario, a quien sus hijos le hicieron el homenaje póstumo de publicar un libro titulado “En la mesa con Gilberto Freyre”, donde cada página es un bocado maravilloso y un homenaje a los condumios familiares.

Jorge Amado incluía recetas en casi todas sus novelas. No cocinaba, pero comía abundante y deleitosamente. Sé que murió de viejo y no por culpa del aceite de dendé, tan calumniado por algunos consumidores locales de comida chatarra.

lunes, febrero 20, 2006

La mar violeta añora la mesa de Lezama

Este año se cumplen cuarenta años de la publicación de Paradiso. Para empezar a celebrarlos hemos recordado el copioso banquete ofrecido por doña Augusta en su casa del Paseo del Prado una noche de noviembre. Intentar esa comida lezamiana podría resultar una buena manera de conmemorar la fecha y homenajear al autor de Paradiso, quien además del don divino de la poesía poseyó enormemente el de la gula. Este año, por cierto, también se cumplen treinta años de su muerte. Un amigo hace poco, recorriendo el malecón de La Habana, retocaba unos famosos versos y decía: “La mar violeta añora el nacimiento de Lezama”. Yo digo ahora que añoro la noble mesa paradisíaca del espléndido Paseo del Prado, leída innumerables veces y siempre postergada en su disfrute verdadero. Este artículo es un ruego cariñoso que le hago a mi gente de Salsipuedes a ver si me hacen realidad el lezámico sueño gastronómico.

El banquete lezamiano, además de una fiesta innombrable, es una comida barroca, no sé si ideada por doña Augusta con alguna influencia nunca confesada del cocinero Juan Izquierdo. En cualquier caso sería interesante que algún curioso procurara armonizar los dos estilos. Uno tradicional y otro inventivo. Eso sí, sin la refistolería de los deconstructores de hogaño.

He aquí la selección de los platos predilectos del etrusco de La Habana vieja y que conformaron el memorable menú de Paradiso:

Sopa de plátanos.

El ritual de la comida barroca se abre con una espesísima sopa de plátanos. La misma se prepara con plátanos verdes y se le añade jugo de limón para evitar la oxidación del plátano. Doña Augusta le agregó tapioca para hacer más grato su sabor. Se sirve con rosas de maíz (¿influencia de Juan Izquierdo?). Al probar la sopa los comensales se van en alegre busca del tiempo perdido.

Souflé de mariscos.

Después viene un “pulverizado” souflé de mariscos. Los langostinos dispuestos en coro, adornan la superficie de este segundo plato. También forman parte del mismo un pargo y una langosta. El souflé, hecho con una base de bechamel con huevo a la que se le adicionan los ingredientes principales (camarones grandes, pescado y langosta) recibe al final unas claras del huevo batidas a punto de nieve. Sólo así puede entrar al horno y ser servido de inmediato. Va a destacar en el plato un langostino remolón, según sentenció Doña Augusta.

Ensalada de remolacha.

Para suavizar la ingesta llega a la mesa una ensalada de remolacha y espárragos. Una mayonesa recién hecha es derramada sobre la ensalada. Y uno de los invitados derramará -como suele ocurrir- remolacha sobre el blanco mantel.

Pavo relleno.

Un pavo sobredorado hace después su aparición. El pavo está relleno de unas almendras que se deshacen y de unas ciruelas que parecen haber crecido en el horno. El pavo fue adobado varias horas después de untarlo con un mojo hecho a base de ajo, sal, pimienta y jugo de naranja agria.

Crema helada.

El postre es una deliciosa crema helada. Se hizo una conserva con coco y piña rallados. Se le agregó leche condensada y se roció con anisete Marie Brizard. Fue sacada de la nevera lista para servir. Para el autor de “Paradiso” la viejita Marie Brizard es el hada de la olorosa crema.

He allí el menú lezamiano. Sé que Cuchi, Ricardo y Osmany tienen tapioca en Salsipuedes. Sólo les recuerdo las fechas: Paradiso, cualquier día del año. Muerte de Lezama: 9 de agosto.

lunes, febrero 06, 2006

La cultura, el gusto y la sociedad del espectáculo

Me resisto a creer eso de que las opiniones ilustradas ya no son necesarias y que la figura del intelectual es un anacronismo. Se alega para fundamentar tal disparate que ahora la única voz válida es la del pueblo. Mi resistencia a barbaries de esa índole tiene, entre otras, una razón: el supuesto pueblo no es pueblo sino público. Es, además, un público amaestrado por quienes dirigen la omnipresente ceremonia de la confusión mediática en que estamos sumidos desde hace mucho tiempo, tanto, que emprender hoy el camino de la verdadera liberación es iniciar una ardua singladura contra casi todas las corrientes.

Reconozco que el mandarinato de ciertos intelectuales o pretendidos tales hizo mucho por alejarnos de la llamada cultura “culta”. Es cierto que la echonería y arrogancia de algunos detentadores del “poder cultural” los hizo insoportables. Es verdad también que de esa clerecía emanaba un tufillo de falsa aristocracia cultural que la volvió no sólo arcaica, sino ridícula. Bien. Aceptado todo eso, creo todavía que no debemos renunciar a escuchar la voz de los intelectuales críticos (que los hay), a sabiendas de que no son los únicos portadores de la lucidez, pero que tienen cosas importantes que decirnos.

En materia de gustos y colores sí han escrito los autores. No en balde la estética es uno de los saberes más influyentes en nuestras sociedades. Por eso, haber dejado la educación del gusto en manos de los medios de comunicación social ha sido una de las desgracias más vergonzosas de nuestro tiempo. Una globalización del vacío estético, de la vulgaridad, del desprecio al cultivo del espíritu y de la entronización de lo banal, nos domina y nos degrada. Esa indigencia atraviesa todos los segmentos de la sociedad, no respeta edades (aunque exalte sólo a los jóvenes) y depreda cuanto nos quedaba de respeto por los hombres y mujeres cultos. La internacional de la oligofrenia estética es la que lleva por ejemplo a cualquier ignaro a opinar impunemente sobre vestuarios académicos, bandas sonoras, bibliografía, planes de estudio humanísticos, presencia de lo gastronómico en la ciencia o sobre cualquier cosa que se le ocurra, por más que ésta, para ser percibida, exija cierta experticia o alguna sensibilidad educada. Pero eso no importa. A la impostura cultural le basta alegar brutalmente el derecho constitucional a la participación, como si ésta tuviera alguna beligerancia en materia de estética o en gustos artísticos.

Alberto Soria publicó ayer un artículo estupendo que no me voy a privar del placer de aprovecharlo en este post de hoy, a propósito de los comentarios anteriores. Dijo estas cosas que comparto:

Al paladar y a la mirada le han hecho trampa. Se la siguen haciendo. Al paladar, que desde la casa y escuela la sociedad espera se lo eduque, le han convencido que no necesita mamá y familia. La comida producida en fábricas y en cadenas `sabe mejor`. La publicidad se lo recuerda constantemente...(...) A la mirada actual no se la educa para que escoja lo que le parezca suyo y bello. Sin pausa, se le imponen patrones muchas veces ajenos a su tradición y su cultura”.

La sociedad del espectáculo lo abarca todo y sus jefes eligen por nosotros. Nada le es ajeno, ni la gastronomía, ni la política, ni el arte, ni el deporte.

lunes, enero 30, 2006

Hambre de encarnación padece el tiempo


 Amélie Nothomp



Me acabo de enterar del nuevo libro de Amélie Nothomp, la muy estimada, joven e inteligente escritora belga. Se titula Biografía del hambre. La noticia del título no tendría mayor importancia para mí, si no me hubiese llegado, precisamente, en el momento en que revisaba algunos materiales sobre el hambre con el propósito de comentarlos en Salsipuedes. “Azar concurrente” le dicen los lezamianos de la UNEY a esas aparentes casualidades que no debemos dejar nunca de atender. Por eso, estas líneas de hoy.

Pueden los lectores de este blog ir a las páginas digitales de “El País” y encontrar en la edición del pasado sábado, en el suplemento Babelia, una espléndida entrevista con Amélie Nothomp, belga, como ya dije, pero nacida y criada en el Japón. Cuando le preguntan si para ella el motor de la historia es el hambre, así como para Marx es la lucha de clases y para Stuart Mill el deseo de ganar más, ella responde:

“No creo que exista ninguna contradicción entre mi punto de vista y los autores que usted cita, sobre todo si se contempla el hambre desde un punto de vista abierto, que incluya apetitos que no sean sólo los ligados a la comida. Por eso abro el libro (`Biografía del hambre`) con una referencia al archipiélago de Vanuatu, que durante siglos ha vivido en la abundancia y el aislamiento, que no ha conocido el hambre. La constatación es cruel: tener hambre es terrible, pero no tener la posibilidad de pasar hambre es aún peor. Vanuatu es un paraíso que es un infierno porque suprime el deseo en la medida en que no hay problema para colmarlo”.

Amélie Nothomp decidió el 5 de enero de 1981, a los trece años, el día de santa Amelia, dejar de comer. Lo hizo junto a su hermana Juliette, en Bangladesh, donde su padre era embajador. La tajante resolución la tomó a partir de esta reflexión: “No se puede ver cada día impunemente el espectáculo violento y constante del hambre y vivir rodeado de gente que muere porque no tiene qué comer”. De esa manera Amélie y Juliette Nothomp realizaron la primera protesta anoréxica contra la injusticia alimentaria. No hicieron exactamente como el artista del hambre de Kafka, más gastronómico que social, pero compartieron con él la búsqueda del hambre absoluta. Por fortuna, la racionalidad de los trece años fue acompañada por otras y Amélie aprovechó la anorexia para salvarse de su alcoholismo infantil. No sé más. Ahora espero el libro con ganas, es decir, con hambre y curiosidad, para saber cómo terminó esa etapa de la vida de las Nothomp.

Terminada la lectura de la entrevista busqué la memorable novela Hambre de Knut Hamsum y leí estas palabras: “Había llegado a la dichosa locura del hambre: estaba vacío, libre de todo dolor, y mis pensamientos habían perdido el control”. Recordé de nuevo a Kafka y también a Josué de Castro y su Geografía del hambre, libro mencionado hace poco por mi amigo Guy Monod como lectura obligatoria para los aprendices de chefs, pero en ayunas. Me dije, de pronto, como tantas veces, un verso de Octavio Paz que es casi mi santo y seña: “Hambre de encarnación padece el tiempo”. Definitivamente, me llegaron las imágenes para un tema crucial de nuestra época y pensé que debíamos replantearnos una visión del hambre sin separar jamás la literatura de la ciencia.

Tomé, entonces, otro libro. Esta vez se trataba de Meditaciones sobre el gusto, ensayo del sociólogo argentino Matías Bruera y subrayé estas palabras para iniciar un camino: “La comida nutre y apela a lo genésico. De la misma manera que la frugalidad sólo es posible para quien no tiene apetito, el lujo es incomprensible sin el hambre. En el presente, la ideología fundamentalista del mundo gourmet es la más plena representación de una actitud reaccionaria y oclusiva ante la `producción` de miseria. El placer por el gusto es, en definitiva, la negación del hambre”.