martes, abril 15, 2014

El chocolate de los pasos contados

Raimundo Madrazo. Mujer (Aline Masson) bebiendo una taza de chocolate


De vez en cuando vuelvo a los cuatro tomos de una vieja autobiografía que es también una novela o una crónica inacabable que atraviesa dos siglos y dos continentes con la majestad de los recuerdos vivos. Sus páginas tienen el sabor y la gracia del tiempo que convocan, así como los personajes y las cosas de un mundo que ahora nos parece inverosímil.

Hoy volví a encontrarme con la tía Polonia, quien me recuerda un poco (sólo un poco) a la bellísima y misteriosa prima Águeda de Ramón López Velarde.

Polonia se aparece siempre por las tardes, envuelta en un mantón. Viene a merendar. Detrás de ella, inmancable, pasa una criada con una bandeja de plata “provista de dos huecos redondos para las tazas de porcelana y uno largo para los bizcochos”. Trae, además, dos jícaras de soconusco. Todo lo deja en un gabinete y baja por otra bandeja de la que brotarán las ensaimadas compradas en La Mallorquina, que comerán el autor (niño entonces) y sus primos.

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Estamos en la merienda y ya no hay excusa para no cederle la palabra a Corpus Barga, que así firmaba sus libros este señorito que era tío de Ramón Gómez de la Serna, y que ayudó a Antonio Machado a cruzar la frontera en el sombrío año 39, como dicen todas sus semblanzas:

Mi padre y la tía Polonia merendaban sola en el gabinete gris, delante de la chimenea francesa de leña, si era invierno, tan contentas de estar juntas y hablar de sus cosas como de saborear el chocolate. Había entre ellas esa relación tan rara de la vida, más rara que el amor: la amistad verdadera. Los primeros ojos que yo vi naufragando en lágrimas fueron los de mi madre porque se estaba muriendo la tía Polonia, y entonces fue cuando también por primera vi a la muerte…”

El párrafo anterior puede llevarme al tema de la “amicitia” y a alguna página de Séneca… Pero volvamos a la casa madrileña del escritor, que todavía queda soconusco en una de las jarras. 
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Las memorias de Corpus Barga (1887-1957) se titulan Los pasos contados Madrid, Alianza Editorial, 1979.

jueves, abril 10, 2014

La mesa de los Eliot



 T. S. Eliot y Valerie

Cuando Eliot se acercó a la frutería de enfrente y vio moras y fresas, enseguida supo cuál sería el postre: trifle. Se fijó, además, que había frambuesas, cerezas, zarzamoras y grosellas, todas lozanas y radiantes. Mientras hacía su escogencia, pensó en que Valerie iba a celebrar su decisión y le reveló al frutero que todo eso era para la cena que él y su esposa le estaban preparando a su amigo Groucho Marx. Lo dijo con orgullo. Se dirigió después a la sección de verduras y pidió espárragos.

Ya en casa, tras acariciar al gato, Eliot entró a la cocina para decirle a su esposa que lo del postre estaba resuelto, y le entregó complacido los hermosos frutos rojos. Valerie, de acuerdo a las reglas de la buena anfitriona, se ocupaba directamente de la comida. En ese momento rectificaba la sal de la “oxtail soup”. Como lo había previsto su marido, la idea del postre le pareció magnífica y de inmediato dio instrucciones a una de sus ayudantes para que buscara los bizcochos e hiciera la crema para el trifle. Miró los espárragos y los encontró perfectos. Los serviría asados, con mantequilla y pimienta. El menú, incluido el steak con papas, ya estaba completo.

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Como lo reveló Groucho en la divertida carta a su hermano Gummo, la cena fue una gratísima velada. En ella pusieron los Eliot el esmero que merece todo acto importante en sus vidas, y es evidente que ese lo era. Nada más revelador de un espíritu ilustrado que una buena comida hecha en casa, con un impecable vino servido por el anfitrión. Es fama que Eliot estimaba altamente el ritual de la comida y cultivaba el arte sereno de la mesa. El testimonio de Groucho que ayer trajimos a este blog lo confirma.

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Al salir, Julius Henry se despidió también de Gus y recordó que era el gato del teatro y para sorpresa de todos, incluida Eden, recitó las primeras estrofas de un poema de su amigo:

Gus is the Cat at the Theatre Door.

His name, as I ought to have told you before,

Is really Asparagus. That´s such a fuss

To pronounce, that we usually call him just Gus”.

Después agregó: “Por poemas como ese, yo creo que Tom siempre ha sido marxista de mi tendencia Groucho”.

Se escuchaba todavía una sonata de Bartok. El taxista de la International Car Hire esperaba paciente.

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Eso sucedió la noche del 6 de junio de 1964 en el Nro. 3 de Kensington Court Gardens, en Londres. Y si así no sucedió todo, es porque –hay que decirlo- me habré inventado alguna parte, con la asesoría de Cuchi. Como dijo una vez Groucho para justificar algunas travesuras: “¿Y la diversión?"

miércoles, abril 09, 2014

Cena en casa Groucho




El 3 de junio de 1964, Groucho Marx, en el hotel de Londres en el que se encuentra instalado, recibe el siguiente mensaje:

Estas líneas son para comunicarle que hemos dispuesto un coche de la International Car Hire (una casa que utilizamos bastante) para que le recoja a usted y a la señora Groucho el sábado a las 6, 40 de la tarde en el Savoy y les traiga a casa para cenar (…). Por supuesto, son nuestros invitados en todo y estamos impacientes y esperamos con el mayor placer verles a los dos.

El retrato de usted en los periódicos diciendo que, entre otras razones, ha venido a Londres para verme, ha aumentado considerablemente mi reputación entre el vecindario y sobre todo ante el frutero de la acera de enfrente. Evidentemente soy ahora alguien de importancia.

Siempre suyo,

Tom

La cena se dio tal como estaba prevista. En una carta escrita al día siguiente, Groucho se la describe a su hermano Gummo, así:

Anoche Eden y yo cenamos con mi ilustre compañero de pluma, T. S. Eliot. Fue una velada memorable.

El poeta nos recibió en la puerta con la señora Eliot, una hermosa rubia de mediana edad, cuyos ojos parecen llenarse de adoración cada vez que mira a su marido. En cuando a él, es alto, delgado y más bien cargado de hombros (…)”.

Lo que sigue a esta descripción es un maravilloso relato en el que Groucho refiere que de nada le valió haberse preparado para la cena leyendo dos veces “Muerte en la Catedral” y tres “Tierra baldia”, por la sencilla razón de que Eliot manifestaba más interés en hablar de “Una noche en la ópera” y de la escena del tribunal de “Sopa de gansos”, que en conocer las opiniones literarias de su célebre invitado. Pero el desencuentro temático no fue barrera para el regocijo mutuo y tres aficiones en común los acercaron mucho: los puros, los gatos y los equívocos. Sobre esta última debilidad, apunta Groucho:

“…durante años he tratado de superarla. T. S., por el contrario, hace equívocos sin vergüenza e incluso con orgullo. Por ejemplo, está su Gus, el Gato del Teatro, cuyo verdadero nombre era Asparagus”.

Y aquí Groucho aprovecha la palabra para mencionar la comida:

Hablando de espárragos, en la cena había una carne de vaca inglesa buena y consistente, muy bien preparada. Y, aunque había una especie de mayordomo sirviendo, Eliot insistió en servir el vino personalmente. Era un vino excelente y ningún maître d'hôtel lo hubiese servido con mayor cortesía. Es un hombre adorable y un anfitrión encantador”.

Al final, Groucho le revela a su hermano que la confianza con el poeta es tal, que él y su esposa lo llaman cariñosamente Tom, y agrega esta delicia, firma incluida:

“…le dije que me llamara Tom también, pero sólo porque detesto el nombre de Julius.

Tuyo,

Tom Marx”