miércoles, enero 25, 2012

La UNEY en sus trece


Me cuentan personas de cuyo testimonio me fío, que nuestra límpida casa de estudios ya no es lo que era. Hasta el buen decir parece proscrito de ciertas oficinas, sobre todo, de aquellas de donde deben surgir algunas decisiones. Corrijo. Si el buen decir está proscrito, qué podemos esperar ahora de esos lugares invadidos. 

Que en este momento haya garduños (me aseveran que los hay) en los diversos espacios académicos de la caballería andante, no es para sorprenderse. De quienes entran a saco en territorios que les son ajenos, por espíritu y cultura, qué puede derivarse más que chapuzas y desmanes.

Aquí  ocurrió la barbarie de siempre: con la complicidad de marrulleros y fementidos, se activó con celeridad la aplanadora de quienes desprecian todo lo que desconocen y les da escozor el talento de los otros.

Pero algo hay que no pueden: destruir un intangible que se llama UNEY, que no se aloja ni en reglamentos contrahechos ni en resoluciones ministeriales dictadas por el pobrediablismo, cualquiera sea su “jerarquía académica” o su “santidad” intelectual.

La UNEY, encuéntrese donde se encuentre, es una fraternidad de almas que vuela, lee, desacata, inventa, espera, resiste y sabe que las universidades verdaderas no son las fundadas, sino las que fundan.

Seguiremos fundando.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Será cierto que el 13 es el de la mala suerte. Esperemos entonces el 14 a ver qué nos trae. Martín Adán

Biscuter dijo...

Por si acaso, esperemos el 14, querido Martín Adán.

Anónimo dijo...

Y el Aula 14, por supuesto.