lunes, noviembre 19, 2007

El mabí, una bebida de Güiria

Rosa Bosch y Natividad López (Chichí)



Playa Medina. Paria
 
En la infancia yo ejercí a escondidas el horror al chacal: no el cánido que los egipcios adoraban como dios de los muertos, sino ese ser ominoso cuyo nombre era asociado a la persecución política y a la tortura en los tiempos del dictador Pérez Jiménez. Como lo sabrán ya algunos, me estoy refiriendo a Pedro Estrada, temido jefe policial a quien merecidamente llamaban entonces “el chacal de Güiria”. Recuerdo que el poeta Castellanos era buscado por la Seguridad Nacional y se escondió por un tiempo en mi casa. Debió ser por algún secreteo de mayores que mi curiosidad logró captar esa vez el pavoroso sobrenombre del célebre verdugo. Desde ese momento me quedó también la curiosidad por Güiria, lugar que me parecía irreal o como de otro mundo. Algunos años después supe más cosas, entre ellas que el temido “chacal” no tenía apariencia de fiera, sino que, por el contrario, era un hombre de buenas maneras, no por ellas menos cazador sanguinario de "peligrosos enemigos". Supe, por una compañera de la universidad, que Güiria era algo más que el lugar de nacimiento de Pedro Estrada. Supe, nada menos y nada más, que cerca de allí quedó en algún tiempo el paraíso terrenal….- Mi amiga se llamaba Zulay y me regaló una edición viejísima de poemas de Bécquer que perteneció a la biblioteca güireña de su familia y que mi babelita doméstica terminó tragándose como tantos volúmenes que ya doy por perdidos. Muchos años más tarde, el mayor descubrimiento de Güiria, el gastronómico, lo tendría por Rosa Bosch (Cuchi mediante, por supuesto) y tendría gusto a “cugullón”, a “calalú” y al aún desconocido “mabí”, bebida que movilizó el recuerdo que mi impudicia trajo hoy a esta página.

Rosa Bosch, pariana universal, y Natividad, una alegre cocinera de Güiria, prepararon hace poco más de un año en Salsipuedes la prodigiosa bebida, cuyo nombre Tamara Rodríguez escribe con “v”, alegando imaginaria y bellamente que “maví” significa “mi vida”. Al probarla, accedí a una experiencia inolvidable: la de un sabor indefinible, que de modo vago e impreciso podría denominar “sabor terrestre y vegetal”. Si amarga es la primera sensación, lo que viene después tiene el poder de enviciar a cualquiera, por más abstemios que seamos. Tiene algo que uno no sabe cómo descifrar. Tampoco sé cómo describirlo y por eso voy a cometer otra impudicia para salir del trance, apelando a una vieja frase publicitaria de un ron venezolano que liga con lo que le pongan “porque le sobra sabor”. Creo que se trata de eso: al mabí lo que le sobra es sabor.

En una conversación reciente con el poeta Orlando Barreto acerca de la obra inédita de Gilberto Antolínez mencionamos la posibilidad de hacer el rastreo de las referencias gastronómicas que dicha obra contiene. Entonces Barreto recordó que en un artículo del gran escritor yaracuyano se habla de “una bebida de Güiria”. De inmediato, no dije, sino que exclamé el nombre sagrado: “¡Mabí! ¡Mabí!”. A los pocos días ya estaba sobre mi escritorio una copia del artículo de Antolínez, quien, además de dar la receta para preparar la bebida, hace conjeturas sobre su nombre. Así, afirmó en 1947 que “el nombre mabí no es conocido por el Servicio Botánico Nacional, el cual está buscando la manera de identificar científicamente la planta productora. En los vocabularios indígenas a mi alcance, que podrían contener el nombre dicho: Warao, Karib, Akawai, Arawak, no figura, ni lo cita don Lisandro Alvarado en su inmejorable Glosario, por lo cual no me parece nombre indígena. ¿Es, pues, negro? ¿O es más bien hindú, culí, como masalá y talcarí? Ahí está el quid de la cuestión”.

Seguramente Rosa Bosch, conocedora profunda del patuá güireño habrá dado respuesta a esas preguntas hace tiempo. Mientras esperamos su dictamen, recordemos con Antolínez que “mabí es el nombre de una madera liviana, de corazón pálido amarillo, de corteza delgada de color almagre matizada con manchas verdinosas…”.

De “cerveza popular” califica Antolínez a la bebida que se hace con esa madera y que recibe la misma denominación. Agrega: “La bebida resulta de un color amarillo claro, semidensa, coronada por una hermosa espuma iridiscente. Como entran en su fabricación elementos tales como el jengibre y la corteza de guayacán o palosanto, oriundo el primero de las Indias Orientales, y nativo el segundo de nuestra zona tropical, este brebaje del mabí resulta perfectamente mestizo. Ciertamente constituye la nota típica más característica de Güiria. ´¡Quien no bebió mabí, no conoció Güiria!, comenta allá el hombre del pueblo”.

El mabí no escapa al lugar común sobre las bebidas vigorosas. Así que también de ella se dice que es afrodisíaca. Lo cierto es que es refrescante, rara y sabrosísima.

5 comentarios:

Antonio Gámez dijo...

Maví!! Mabí!

Bello Oriente venezolano y refrescante tu blog biscuter.

Gracias

Biscuter dijo...

Un saludo, Antonio. Cuando por vuelvas por Salsipuedes compartiremos una copita de mabí.

Antonio Gámez dijo...

Gracias Biscuter,

Debo ir de nuevo, es una maravilla el ambiente que se vive allí.

Un abrazo

Anónimo dijo...

¿Etimología fantástica?: "Mabí: ma vie".

Me gustan la etimología fantástica y el mabí.

V. Rojo

Ebert Kelly dijo...

Estimados Señores:
Etimológicamente cuál es el verdadero nombre de la bebida, Mabi, Maby..?, ahora el origen de la bebida en cuestión creo que es de Macuro, Estado Sucre, localidad muy próxima a Trinidad.