lunes, marzo 02, 2009

Galápagos

Iguana de mar en pleno nado

Con una tortuga gigante

El solitario Jorge en la Estación Darwin de Puerto Ayora, isla de Santa Cruz

Estas islas conforman según Charles Darwin “un pequeño mundo por sí solo o más bien un satélite adosado a América”. Cinco semanas fueron suficientes para que el joven científico británico, conmovido por el enorme número de las especies endémicas del archipiélago, vislumbrara la hipótesis que sobre la evolución habría de elaborar años más tarde. Se ha tejido la leyenda de que en estos prodigiosos territorios tuvo Darwin la revelación de su teoría. Lo cierto es que el gran naturalista observó los animales y anotó las diferencias entre las tortugas gigantes de una y otra isla y se maravilló ante los pinzones y cucubes y registró sus variedades. A estos pájaros le dedicó unas jugosas líneas de su histórico libro Sobre el origen de las especies, de cuya publicación se están cumpliendo ahora 150 años. Por eso y por el bicentenario del nacimiento del autor, las islas Galápagos estarán de fiesta durante todo el 2009, llamando de nuevo la atención del mundo por la milagrosa persistencia de su biodiversidad.

Desde que escribió sobre ellos, se habla de “los pinzones de Darwin”, mejor dicho, se fabula sobre ellos. Son numerosos los libros dedicados a los “darwineanos pinzones”, aunque él haya dedicado más observaciones a los “cucubes”. Pero las leyendas son tozudas. Escribo en este momento en una habitación de un hotel de la isla de Santa Cruz que se llama, precisamente, “Finch Bay” y que tiene en su logo la imagen de un pinzón. Ayer en Tortuga Bay (la más hermosa playa que he visto en mi vida) tuve a mi alrededor varios tipos de pinzones. Me sentí observado por ellos y por Darwin.

Amanece y se prolonga el sosiego sólo interrumpido por el canto de las aves y por las olas del verde mar que tengo enfrente. Es fácil hacer el símil del paraíso, como si ilustráramos una tarjeta postal. Pero las Galápagos son tan variadas que no podríamos encerrarlas en una imagen edénica. Como se sabe, Darwin encontró también acá “regiones infernales”. Las inmensas fosas dejadas por la devastación de las erupciones volcánicas y sus tenebrosos túneles le permitieron la comparación dantesca. Por fortuna, sobre esas oquedades fue creciendo una espesa vegetación y hoy en día lucen bellos los cráteres gemelos de Santa Cruz, a los cuales uno se asoma por encima de unos helechos de incomparable brillantez y es imposible después pensar en el Averno.

De un relato de Fernando Espinoza, nuestro guía, “el gurú de Galápagos”, como lo llama ese espléndido anfitrión que es Gustavo Vega (presidente del Consejo Nacional de Educación Superior de Ecuador), grabo la imagen de una tortuga gigante, una tortuga macho llamada “El solitario Jorge”. Es el único ejemplar de su especie. Para evitar su extinción definitiva han tratado de que se reproduzca, pero los intentos han sido infructuosos. No hay manera de que su esperma salga. Le traen tortugas y nada. Le trajeron, incluso, a una suiza bella que le acariciaba la caparazón y nada. Mañana visitaremos al solitario Jorge para darle ánimo.
Hemos venido a estas islas encantadas para pensar y discutir sobre el tema universitario, a proposito de la Conferencia Mundial de Educacion Superior que se realizará en París el próximo mes de julio. Los latinoamericanos nos estamos poniendo de acuerdo para afinar el documento de Cartagena 2008. Todo ha marchado viento en popa. No se nos ha olvidado incluir como reto prioritario de los nuevos tiempos la defensa de los ecosistemas y la soberania alimentaria. Recorrer senderos repletos de iguanas de tierra, ir al muelle en lancha mientras se ve nadar a los reptiles de mar o contemplar entre las piedras a centenares de sayapas (cangrejos rojos), algo bueno debe dejar en nuestro espíritu.

Trabajar en Galápagos sobre el destino de nuestras universidades es, de alguna manera, convocar la plenitud de la naturaleza y procurar una voz más sencilla y sabia para nuestros discursos tan contaminados de arrogancia epistémica.

2 comentarios:

El Tecnorrante dijo...

Que buenas las fotos! Difícil resistir la tentación de enviarle saludos a Jorge el Solitario. Debe tener una pena muy grande que lo abstrae del mundo, mira que resistirse a una caricia de una hermosa fémina suiza...

Un abrazo.

Biscuter dijo...

Espero mostrar más fotos, querido Tecnorrante.

Creo que aciertas en lo del Solitario Jorge. Es eso y no otra cosa, como suelen decir los malpensados.

Un abrazo