lunes, septiembre 06, 2010

El sabio demoledor

Bolo de fubá


José Guilherme Merquior

Debo a la conjunción de un excelente suplemento literario y la generosidad de mi cuñado Roberto Morales, el descubrimiento de Merquior. El hecho ocurrió hará unos veinticinco años. Robertico me había traído de Brasil, como siempre, todos los ejemplares del Folhetim acumulados durante los últimos meses. Sus vacaciones anuales en Venezuela representaban para mí una suculenta jornada de actualización “brasileña”. Sobre todo, de lo que ocurría parcialmente en el ámbito de la literatura y del pensamiento. Así, me fui enterando de los trabajos académicos de Marilena Chauí, José Arthur Gianotti y Leandro Konder, de los artículos corrosivos y provocadores de Paulo Francis y de la estupenda poesía de José Paulo Paes, Augusto Massi y Duda Machado, entre otros autores de aparición más o menos frecuente en el glorioso suplemento literario de Folha de S.Paulo, cuyo cierre casi coincidió con el definitivo retorno de mi cuñado a Venezuela. Bien. Ese día comencé mi lectura por una polémica entrevista que me había comentado Robertico. Sin darme cuenta del todo, en ese momento conocí a uno de los intelectuales latinoamericanos más brillantes y sólidos de la segunda mitad del siglo XX. Desde ese entonces, traté de seguirlo en sus artículos y libros. Me atrajeron de inmediato sus letales desplantes porque se notaba que no eran propiamente tales, y que si lo eran, estaban respaldados por una inmensa cultura. Cuando encuentro a un autor así, que sabe combinar la mejor ironía con conocimientos firmes y profundos, procuro no soltarlo, aunque me pelee con él por ciertas ideas que no comparta. Eso me sucedió con José Guilherme Merquior, quien supo cometer con elegancia las expresiones públicas más chocantes del momento, como esa de negarse a discutir con un famoso y admirable cantautor, “por estar en desacuerdo con la visión patética que pretende convertir en intelectuales a algunos astros de la música brasileña”. Mucho después supe que Caetano Veloso había dicho que Merquior estaba en lo cierto.

Algunos buenos escritores llamados reaccionarios no sólo han añadido líneas espléndidas a la literatura, sino también luces al pensamiento. Sus libros han servido para el rescate de la duda cuando el vértigo argumental de las ideologías convierte en estereotipos o consignas lo que inicialmente fue subversión filosófica. Pienso en Ortega y en Aron, maestro este último del brasileño. Sin la discusión con autores de ese talante y calidad, no es posible el avance de las corrientes transformadoras. La superficialidad de nuestro tiempo nos ha llevado a despreciar la erudición viva y el estudio integral de las culturas, exaltando los discursos vacuos del neoliberalismo, algunas necedades postmodernas o los esquemas trasnochados del persistente marxismo oficial. Detenernos en el laborioso discurrir de autores que escapan a las dicotomías políticas y exigen rigor intelectual en sus lectores, puede ser una vía para ir curándonos de la frivolidad circundante. El liberal Merquior leyó así a Walter Benjamin y pudo dedicar su libro sobre marxismo al marxista Leandro Konder. ¿Por qué no leer a Merquior desde el socialismo? O mejor dicho: ¿por qué no leerlo desde la amplitud, desde la duda? Otro camino auspicioso es la poesía. Pocos como Merquior leyeron con tanta pasión y acribia la obra poética de sus compatriotas. Sus ensayos literarios incluidos en El comportamiento de las musas así lo atestiguan. Siguiendo al demócrata cristiano Tristán de Athayde, Merquior acudió a las páginas de Drummond de Andrade y encontró en ellas al clásico moderno del Brasil, cuya obra despierta la emoción del hombre en cualquier lugar y en cualquier tiempo. Quien ha incursionado en la gran poesía, mucho tiene que decirnos cuando toma la pluma, aunque la tome para hablar de teorías sociales o de esas cosas que antes llamábamos mundanas.

Merquior murió antes de cumplir cincuenta años. De él dijo Raymond Aron lo que en su tiempo se decía del Doctor Johnson: “No leyó libros, sino bibliotecas”. Celebro su memoria comiéndome ahora un trozo del delicioso bolo de fubá que hizo ayer Cuchi, mientras releo las sangrantes palabras con que Merquior lapidó a Lacan en su demoledor libro sobre los semióticos franceses.

5 comentarios:

Fernando Terreno dijo...

Me viene muy bien que alguien recuerde leer a autores "que escapan de las dicotomías políticas y exigen rigor intelectual a sus lectores..." porque la tentación es grande (la de leer a los que están de acuerdo con nuestras propias convicciones) y nos empobrecemos.
Me cuesta, pero no viene nada mal que lo recuerdes.
Y no sabía nada de él varios de los nombrados.

Fernando Terreno dijo...

Pongo aquí la "y" que me faltó en la última frase. De paso aprovecho para preguntarte por el nombre del libro donde critica a los semióticos franceses y a Lacan. En un país donde Lacan tiene más seguidores que en Francia, será interesante comentarlo con los interesados en el tema.

Biscuter dijo...

Gracias por tu lectura y tu comentario.

El libro donde Merquior critica a los semióticos franceses y a Lacan se titula "De Praga a París". Tien un subtítulo: "Crítica del pensamiento estructuralista y posestructuralista". Lo publicó el Fondo de Cultura Económica en 1986 y -hasta donde sé- lo reeditó en el 88 y en el 89.

Un abrazo

Rolando dijo...

Biscuter,
He acompañado con placer tu blog y tu trabajo con la Uney. Es una maravilla. Felicitaciones. Aunque imagino que posees una buena "ruma" de folhetins se puede encontrar el contenido de algunos en la página de internet http://almanaque.folha.uol.com.br/folhetim_index.htm

Saludos,

Coqui

Biscuter dijo...

Gracias, Coqui, por tu mensaje y por el dato.

¡Qué grato leer tu generoso comentario!

Un abrazo, con el cariño de siempre,

Freddy