lunes, julio 31, 2006

Fragmentos de una cocina literaria


Cézanne

1. Leo a Vallejo: “Un hombre pasa con un pan al hombro. ¿Voy a escribir después sobre mi doble?”. No. Voy a escribir sobre el pan y a recordar la más bella evocación que poeta alguno haya hecho de los panes más sabrosos que en el mundo han sido. Me refiero a Luis Cernuda y a su espléndida página acerca del pan de Alcalá de Guadaira, villa andaluza a la que llamaban famosa y merecidamente Alcalá de los panaderos. Me permito recordarles un párrafo de la inolvidable página cernudiana: “...uno de los alimentos que más sabrosos hallara siempre ha sido el pan, y en casi todas las latitudes. Pero aquel pan de Alcalá de Guadaira en Sevilla, quién lo probase otra vez. Lo traían hasta Sevilla a lomos de una mula, en amplios serones, los panaderos de Alcalá, que desfilaban por las calles, (...) ¿Cómo se llamaban aquellos bollos que llevaban? Recuerdo las formas de ellos, algunas por lo menos, pero no los nombres. Y el sabor, ¿lo recuerdas? No, es imposible reconstituir en el recuerdo un sabor. Entonces, por qué echas de menos el pan de Alcalá, si no recuerdas su sabor? Porque recuerdo su fragancia, su suculencia, al menos, incomparables ambas con la de otro pan”. La memoria gastronómica en todo su esplendor sensorial. He allí un escritor que saboreó y supo preservar las maravillas olfativas. “De los olores, el pan”, dice un viejo adagio andaluz no menos sabio que el poeta sevillano.

2. Salió de la biblioteca y entró a la cocina, que para ella era un noble laboratorio científico. Pensaba hacerle algún postre a su querida María Luisa Manrique, condesa de Paredes, lectora de sus libros e inspiradora de algunos de sus poemas. ¿Qué le preparo? se preguntó la bella monja. Ya está. Lo tengo. Y es que su buena memoria culinaria la rescató de inmediato indicándole un dulce de nueces que hacía las delicias de la virreina. Recordó que para un plato mediano necesitaba media libra de nueces, dos reales de almendras, yemas de huevos y dos libras de azúcar para el almíbar en estado de medio punto. Molidas las nueces y las almendras las mezclaría con las yemas y batiría hasta punto de espejo. Después, todo eso lo extendería sobre capas de un dulce que los mexicanos llaman “mamón” y lo serviría adornado con pasas, almendras y piñones. Poco después de probar ese exquisito “Postre de Nueces” María Luisa instaría a la monja cocinera a escribir El divino Narciso. La monja se llamaba, obviamente, Sor Juana Inés de la Cruz.

3. Viajó. Conoció la melancolía de los barcos y los fríos amaneceres bajo las carpas. Se aturdió con múltiples paisajes visibles e invisibles. Conoció la inconveniencia de las amistades interrumpidas. Y un día retornó. Frecuentó la sociedad y tuvo amores nuevos. Pero la vio a ella un anochecer a finales de marzo de 1867 y recordaron. Recordaron, entre otras cosas gratas, las comidas de sus viejos tiempos, la buena compañía, los platos, el ambiente, la mesa llena de cristales de Bohemia, las diez clases diferentes de mostaza, así como los meros de Córcega y los vinos blancos más extraordinarios del imperio. El se llamaba Fréderic Moreau. Ella era la señora Arnoux.

4. Le preguntaron cuál era su plato predilecto y respondió con contundencia y rapidez: “Les pommes à l`huile”. Metáfora o no, las manzanas al óleo de Cézanne son irresistiblemente apetitosas.

2 comentarios:

Manuel Allue dijo...

Me encanta tu página, me ancanta como escribes, me encanta Luis Cernuda y me parecen deliciosas las "pommes à l'huile". ¿Qué más puedo decirte?. Que voy a seguir leyéndote.

Saludos, M.

Biscuter dijo...

Muchas gracias por tu generoso y amable comentario. También me di una vuelta por tu blog y -no por reciprocidad- debo decirte que me gustó.

Un saludo,

Biscuter