miércoles, noviembre 07, 2012

UN OFICIO PELIGROSO


 BOTTICELLI. La Primavera. Detalle
 
Después de ordenar las cartas (entre ellas, las que se ha cruzado con Umberto Eco), el profesor revisó una vez más los artículos juveniles de su maestro, fallecido hace cinco años. Miró la reproducción de La primavera de Botticelli, fijándose sólo en el rostro de Flora. Mecánicamente volvió la vista a la foto de su novia. Las imaginaba como dobles. Guardó los papeles de su ilustre paisano y ratificó, como siempre, su enorme valoración de los mismos. Jamás se sumaría a quienes quieren enrostrarle al maestro su apoyo a la Guardia de Hierro, por envidia o por pequeñas venganzas, menos políticas que académicas. Muy lejos de él esa bajeza. Recordó el momento en que Umberto Eco, en una conferencia sobre El péndulo de Foucault, en Nueva York, al saber que él estaba en el público, le hizo el honor de pedirle que hablara. Fue cuando dijo que una mala interpretación puede convertirse en verdad, si un número suficiente de personas cree en ella. Agregó algo que lo previene siempre frente a todo tipo de infamia: “Cuando las mentes enloquecidas están en sincronía, crean una realidad alternativa; matan por razones inventadas; encuentran razones para actuar haciendo de sí mismos un punto fijo en el universo”. Esta noche su cena sería sólo una ensalada de lechugas, con nueces y queso de cabra.

Ahora, a releer a Borges, se dijo, para ratificar lo que una vez escribió, a propósito de esa inconmensurable maravilla que se llama La muerte y la brújula: “El principal cometido del arte en el universo de Borges es huir de la tiranía de un único sistema mental y entrar en tantos otros como sea posible para obtener, al compararlos, una libertad de percibir el mundo”.

Se recordó a sí mismo en una clase leyendo el relato que en este momento le serviría para prolongar su descanso, o su distracción. Varias han sido las señales ominosas de estos días. Las sombras fascistas de su remoto país no se detienen. Deambulan aún por este mundo.
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Lo anterior no es más que la atropellada glosa de una lectura de hace unos doce años. Durante varios meses fatigué a mi entorno más cercano con comentarios acerca del autor que entonces constituía para mí una obsesión. A Ted Anton y su libro sobre el asesinato de nuestro personaje, le debo por completo los datos de la pequeña nota transcrita, y a Eros y magia en el Renacimiento, obra maestra, la visión más brillante que he leído sobre el tema, y en particular, sobre Giordano Bruno.

Hace más de 21 años, Ioan Culianu, valioso por sí mismo y discípulo mayor de Mircea Eliade, fue asesinado en un baño de la Facultad de Teología de la Universidad de Chicago. Tenía 41. Era experto en el tema de las religiones y el hiperespacio. Dejó sembrados muchos fantasmas en sus libros. La siega permanece en sus comienzos y el crimen sigue impune.

P.D: El libro de Ted Anton se titula El caso del profesor Culianu y tiene prólogo de Umberto Eco. Allí leemos que una de las personas consternadas por la muerte violenta del gran investigador rumano, fue Saul Bellow, a quien Culianu le cocinó una vez en casa de los Eliade.

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