lunes, marzo 31, 2014

¿A qué sabe la chía?

Octavio Paz y Jorge Luis Borges. Foto de Paulina Lavista


Borges se encuentra un día con Octavio Paz. Cortés, como siempre, le habla de sus poetas mexicanos predilectos, en especial de Ramón López Velarde y comienza a recitar estrofas de “Suave Patria”. De pronto se detiene porque quiere satisfacer una vieja curiosidad y le pregunta a Paz: ¿a qué sabe la chía? Octavio Paz, nuestro maestro, se encontró en un difícil trance. No conseguía palabras. No encontró la palabra certera y tuvo que responder con una metáfora:

“Es un sabor terrestre”.

Borges movió la cabeza, insatisfecho.
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¿Constatamos en esa anécdota una limitación de la palabra? Tal vez no. Elaborar con palabras otra realidad, otro mundo, es una de las riquezas más deslumbrantes del universo. ¿La limitación no será dejar de buscar cuando se cree encontrada la palabra justa? Que Hans Georg Gadamer conteste por nosotros:

Hablar es buscar la palabra. Encontrarla es siempre una limitación. El que de verdad quiere hablar a alguien lo hace buscando la palabra, porque cree en la infinitud de aquello que no consigue decir y que, precisamente porque  no se consigue, empieza a resonar en el otro”. 

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