lunes, enero 22, 2007

DESAYUNO CON CILANTRO


Ya los desayunos no son lo que eran. Cuando la vida discurría con más lentitud y la palabra “stress” no había ingresado a nuestro vocabulario, podíamos disponer de una mesa mañanera más generosa que la actual. Los desayunos servían, además, para el encuentro amistoso o para la celebración de algún acontecimiento familiar de relevancia, como las primeras comuniones. Hoy éstas son más unas rumbas para los adultos que para los primocomulgantes. Antes se bebía en ellas chocolate, como lo hacían cotidianamente Felipe V y Carlos III, el cura de la capilla cercana y el arzobispo, pero también el Marqués de Sade y Federico Nietzsche, quien recomendaba comenzar el día con una buena taza de esa bebida sublime. Desayunar con chocolate y galletas es algo tan sabroso como hacerlo con una acemita tocuyana mojada en café con leche, digan lo que digan dietistas, consejeros de salud y cuantos enemigos de la gula predican por estos pagos.

Añoro los abundantes desayunos de los domingos, especialmente los que se hacían en mi casa para recibir al compadre Clemente, con mojito trujillano y perico. El desayuno era un momento de encuentro, una verdadera celebración casera. Hoy lo usamos, cuando mucho, para rápidas reuniones de trabajo en cafeterías donde la oferta suele ser la misma: desayuno continental, desayuno americano y desayuno criollo, platos monótonos y desangelados.

Pocas veces nos reunimos en casa para el disfrute de un buen yantar tempranero. La prisa ha hecho de las suyas y todos le somos obsecuentes. Nada que ver ahora con esos desayunos que refirió Francisco Tamayo en su Léxico popular venezolano y que nos proporcionaban no sólo alimento, sino también goce matutino. El sabio larense enumera con delectación algunos desayunos que se hacían en El Tocuyo. Me refiero a ese pueblo extinto que tenia el mismo nombre que hoy ostenta uno que ocupa su lugar, pero que en muy pocas cosas se parece al anterior. Nos dice Tamayo:

“En El Tocuyo el desayuno es de siete a ocho de la mañana, consta de caldo de tomate balita o caldo de leche (...), arepa, queso rallado. Otro desayuno tocuyano es a base de longaniza, suero y arepa. A estos distintos tipos de desayuno tocuyano se les agrega amasijo dulce y café con leche. Otro desayuno tocuyano está constituido por huevo frito, cuajada o queso frito, arepa, etc. Otro desayuno es de suero, revoltillo (huevos revueltos y fritos), arepa, café con leche. Otro tocuyano es con chicharrones de concha, bien majados con piedra, suero y arepa. Otro tocuyano es con morcilla frita, caraotas fritas, arepa y café con leche. Otro del mismo Tocuyo es: suero, aguacate, arepa”.

Bien sé que para todo tocuyano o descendiente de tal mencionar el caldo de leche es descorrer el velo de la más feliz memoria doméstica. Así, vuelven la abuela Ana, Gladys Maria, la prima Aura o la tía Mercedes, y siempre Oscar Castellanos París, quien nos repite que para hacer el caldo de leche “se ponen a hervir tres tazas de leche y una de agua, cinco huevos que, extraídos de la cáscara, caigan enteros en el líquido sin romperse, pues no han de revolverse con la leche, ya que se conservan como unidades flotantes, descascaradas, cocidas en el líquido, se le agrega sal, ajos, cebolla, aceite onoteado y cilantro en rama”.

(El de la foto es Francisco Tamayo)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Recuerdo dos desayunos memorables: Uno justamente en Barquisimeto, desayuno tocuyano com perico, arepas, suero, caraotas, aguacates...el caldo de leche no lo conocía, me parece sensacional la imagen de los huevos flotantes.
El otro desayuno en el Swiss Hotel de Lima: ceviche, tiradito, chicharrones con camote, minitamalitos, minitamalitos verdes, mini humitas, pan de aceitunas de botija, escabeches...
Desayunos míticos, inolvidables.

Mil cariños. Gracias de nuevo por sus palabras.

Manuel Allue dijo...

¡Cómo me ha gustado eso de "descorrer el velo de la más feliz memoria doméstica"!.

No conozco, ¡lástima!, los desayunos tocuyanos. Pero he soñado un rato con el de morcilla frita, que seguramente debería de estar prohibida por ley (por una ley infame de ministro dietista).

En fin. Pero conozco los desayunos de los canónigos de Tarragona, que viven aquí al lado (justo al lado), que sólo quedan dos y que parece que le gustaban a don Álvaro Cunqueiro, que habló de ellos más de una vez. Antes desayunaban chocolate con picatostes, los más castizos, con un merengue (con dos) el que me dio clases de latín y con bizcochos los más modernos. Ahora uno de esos dos supervivientes desayuna en la cafetería de abajo (yo le estoy espiando, artero) un café con leche y un bollo suizo.

Nada es lo que era. El canónigo casi no me saluda, ya nadie habla en latín, ni ellos mismos, y casi nadie desayuna en casa. Ni antes ni después de comulgar.

¡O tempora...! Un largo abrazo.

Anónimo dijo...

En Carora, en casa de la familia Rojas Rojas, recuerdo haber tomado un memorable desayuno, quizás el único que recuerdo con nostalgia: en varios platos servidos para que cada uno tomara lo que deseara sirviento caraotas negras refritas, lonjas de queso frito, mantequilla casera, queso rallado, suero de tapara, carne mechada, el respectivo picante de la casa, una impresionante montaña de tajadas de plátano muy, muy, muy maduro (como deberían ser todas), perico revuelto, sopotocientas arepas que se iban renovando convenientemente y un pote grande de nata de leche; todo ello sobre un mesón en medio del patio central de una de esas casas con zaguán en las que siempre he querido vivir.

Es cierto que entre los hermanos y los panas que pasábamos el fin de semana allí hubo diente para acabar con ese recordado desayuno sin mucho problema.

Ya me dió hambre.

Un abrazo.

Martín dijo...

A mi me gustan los desayunos salados, todos estos tocuyanos me provocan, pero sin el amasijo dulce, que aunque no lo conozco lo dejo por fuera, para que no hagan de más. Saludos!

Anónimo dijo...

Maravilloso, en los andes el desayuno sigue siendo importante, el mojito trujillano es una maravilla y todo un secreto, al parecer no se puede ni hablar fuerte cuando se prepara y sólo se mezcla en un sentido. La pizca andina, una delicia de las montañas, sobre todo si se prepara con huevitos criollos y cilantro del huerto. Acá el queso ahumado, la cuajada y las arepitas de maíz pilao, maíz huevito o de harina de trigo son archiconocidas. Amo los desayunos almuerzos, versión criolla y suculenta de los antipáticos Brunch. Invitar a los amigos a desayunar en domingo, abundante, suculento, con tranquilidad.
Buen provecho amigos

Consuelo dijo...

Acemita tocuyana remojada en cafe con leche... hummmmm. Me anoto¡

Confirmo que en los andes venezolanos en algunos hogares se conservan estos desayunos abundantes y divinos...

Creo que formularé un nuevo Decreto en mi casa...pa`los domingos buenos desayunos...ahh eso si¡ Todo el mundo cocina y lava platos :) Asi son realmente venezolanos.