viernes, junio 28, 2013

Sobre el laurel

 
 
Asociado a Laura, por su sonido y por Petrarca, el prestigio del laurel viene de Grecia y su copiosa mitología.

Ovidio, que recreó tantas historias, también se ocupó de la de Apolo y Dafne, cuya cabellera tuvo el verde destino que sabemos (“sus hojas: mis cabellos, mi cítara, mi aljaba”).

En la botánica ingresó con nobleza indiscutida. “Laurus nobilis”, lo llaman.

Joan Perucho recordó su arraigo popular con esta copla andaluza:


Entre los árboles todos
señorea el laurel;
entre las mujeres, Ana;
entre las flores, el clavel
.

“Sacerdote del saber antiguo” lo llamó Lorca.

Usado con cautela (apenas una hojita), su aroma poderoso se esparce en múltiples recetas.

En una novela de Mercé Rodoreda (Espejo roto) están preparando un arroz que sabrá a gloria. En ese instante una de las muchachas se percata de que el tarro del laurel está vacío y sale al jardín a buscar unas hojas…

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